Tuesday, March 4, 2014

El camino del Escéptico



Creo en pocas cosas. Pero cuando creo en algo o en alguien, soy fiel a esa persona y a ese pensamiento. Al menos que venga alguna otra persona a quien también le creo, y me lo ponga en duda. Ahí no sabría a quien creerle, y al que menos creería, sería a mí.

Siempre me he preguntado por qué dudo de tantas cosas? Por qué vivo sufriendo cuando alguien me dice algo y verdaderamente siento que me está es engañando?  Algún día quise saber toda la verdad y no quise juzgarme por querer hacerlo. Aunque la verdad absoluta quizás no exista, al menos la propia, es un cuento que nos creemos a diario.

“El escepticismo ha tenido una larga tradición histórica que data desde la Grecia antigua cuando Sócrates observó: “Yo solo sé que nada sé”. Pero ésta pura posición es estéril e improductiva y sostenida por virtualmente nadie. Si tú eres escéptico de todo, entonces deberás ser escéptico de tu propio escepticismo”.

Quise buscar en Internet la definición de escéptico a ver si salía mi foto. No fue fácil encontrar la definición que estaba buscando ya que tiene múltiples significados según la corriente a la que se le atribuya este tipo de pensamiento. La que más me gusto fue la que narra que:

“El escéptico es alguien que profesa duda o está en desacuerdo con lo que generalmente está aceptado como verdad. La palabra "Escéptico" viene del griego skeptikoi (de skeptesthai que en griego significa examinar), el nombre dado a los seguidores del filósofo griego Pirrón. La etimología de esta palabra indica en su significado: "quien duda e investiga". Los filósofos escépticos no creen en una verdad objetiva, porque todo es subjetivo, dependiendo del sujeto que estudia y no del objeto estudiado”.

El escepticismo como tendencia filosófica que ha logrado originar una forma de pensar que llega hasta nuestro días fue fundado por Pirrón de Elide, y de ahí el nombre de pirronismo con que se conocía este movimiento en sus orígenes.

No es mi intención debatir sobre Pirrón y su forma de dudar sin juzgar o de llegar a la verdad de una manera filosóficamente y políticamente correcta. Mi intención es tratar de entender por qué dudo de tanto, inclusive hasta de dudar de por qué dudo de tanto.

Nos pasa en la vida que hemos aprendido con golpes y hechos que han causado una huella emocional. Dicen que “al perro no lo capan dos veces” y cuando uno ya ha vivido alguna situación emocionalmente perturbadora, queda prevenido y es inevitable. Admiro a las personas que caminan por la vida profesando que no les importa si son engañados de nuevo, o si se les miente de nuevo o si son heridos emocionalmente de nuevo. Las admiro pero no les creo.

Varias veces hemos depositado nuestra confianza en personas, conocidas o no, pensando de manera “naive” e inocente que todos son como nosotros, y que así como nosotros hemos confiado, podemos confiar una vez más. Dura realidad darnos cuenta que no es así. Pero nos levantamos y es cuestión de tiempo para que estemos enfrentados con otra situación similar. Ya fuimos el perro capado y de alguna forma estamos buscando que nos aniquilen lo que nos queda de virilidad perruna de una vez por todas.

Como mecanismo de defensa depositamos la duda y nos volvemos escépticos. No creemos. Dudamos hasta no estar seguros que no volveremos a caer en trampas ni en actos que vulneran nuestra emocionalidad. De la mano, un sufrimiento que podrá ser consciente o inconsciente, pero sufrimiento al fin y al cabo.

No podemos tener la verdad a todo. No podemos saber si nos van a traicionar de nuevo o si esta nueva persona que aparece en nuestro camino es de confiar o no. Se aprende mientras se camina y no tanto por haber caminado, esto sería experiencia. Este concepto es muy difícil de aprender y de interiorizar; más aún, cuando al caminar, no sabes si en el siguiente paso, será una zancadilla de tu acompañante, o tu misma tara mental, la que te haga caer al suelo de nuevo.

Pero no es cuantas veces nos caemos sino las veces que somos capaces de levantarnos y seguir. Lo que sucede, es que uno se va cansando y prefiere volverse el ermitaño que no interactúa ni desea cambiar de patrón vivencial para así no llegar de nuevo a lo nuevo, a la duda, al impulso frenado de querer aventurarse y ser frenado por la posibilidad de ser engañado de nuevo.

Cada uno se fija su amarre. Cada uno decide que tanto avanza y que tanto retrocede. Espero que sin juzgar a nadie así como nadie lo juzga a uno para determinar que las dudas que uno se crea no son más que dudas y no verdades.

Uno escoge la gran mayoría de veces con quien camina, y la gran mayoría de veces uno es escogido. Uno se cae solo por la debilidad del pensamiento y también por esta misma falencia de fortaleza, es que uno es tumbado varias veces y sigue creyendo que uno es el que cae a voluntad.


Sigo creyendo en el beneficio de la duda. Sigo siendo ese perro ya capado varias veces pero con un ímpetu inquebrantable. Sigo dudando de mis nuevos pasos pero asegurando cada uno antes de darlos. Sigo aprendiendo mientras camino. Sigo convirtiendo  las huellas emocionales en cicatrices tensas y fuertes. Sigo abriendo los ojos cada mañana con ganas de conocer y reconocer. La diferencia, es que me toma más tiempo en aceptar que el escéptico soy yo, y que la duda no será opacada por la verdad, ya que la verdad verdadera no existe. Me sigo juzgando día a día para llegar a ser alguien que a lo mejor algún día soné con ser. Y es cuando caigo en cuenta, que así, me acerco a mi felicidad y el único juez de ella, soy yo.