Friday, May 31, 2013

Las consecuencias de no ser consecuente



Ser consecuente es bastante difícil (para algunos más que otros definitivamente). Es una de las actitudes (o aptitudes) más fáciles de expresar o dar a parecer pero no de conllevar. En otras palabras muchas personas no son consecuentes con el hecho de ser consecuentes. Hablan mucho pero a la hora del té, café, jugo o lo que sea que se tomen, siguen siendo la misma persona que trato de lograr algo y no lo logró.

Las redes sociales se han convertido en un escudo para crear personalidades falsas, o reales dentro de un mundo virtual. Espero no ser una persona diferente en facebook, twitter o linkedin a la persona que soy en el día a día con mis contactos más cercanos. Pero si pensamos bien las cosas, es inevitable escudarse detrás de un perfil cibernético.

Durante mi trayectoria en el aprendizaje de coaching y la búsqueda de una tranquilidad más sincera, me he dado cuenta que he predicado mucho más de lo que puedo practicar (estoy en constante aprendizaje aprendiendo de mis fallas). De nuevo, del dicho al hecho hay mucho trecho. Pero eso es en términos de distancia y capacidad de reacción. Cuando hablamos de cuánto tiempo nos toma volvernos consecuentes con lo que predicamos, la respuesta solamente está en nosotros mismos.

Entra el fantasma del pasado. El aprendizaje que hacemos no puede quedar relegado al momento en que lo aprendimos. Debemos poder continuar aplicando lo que hemos aprendido en tiempos pasados ya sea durante el presente que estamos viviendo, o mas aun en futuras ocasiones donde quizás nos olvidemos lo que algún día decidimos cambiar.

Aunque pasa frecuentemente, nosotros tendemos a proponernos un cambio y lo hacemos a corto plazo. Eso es lo fácil. Lo difícil es mantenernos en el tiempo. Nuestra actitud es como un resorte. La elongamos a nuevas distancias pero con el tiempo, va volviendo a su estado original (siempre y cuando no sobrepase el coeficiente de elasticidad y se quede sin poder retornar a su estado original).

Cuidado con lo que decimos que vamos a hacer para cambiar. Aun más cuidado con olvidarnos que lo dijimos. Más cuidado aun si prometemos algo y no lo hacemos. Todos podemos olvidar, pero caer en cuenta que no has sido consecuente con lo que has escrito, prometido, hablado o pactado, puede conllevar a una frustración aun mayor y a una pérdida de confianza (autoconfianza y desde terceros).

Todos podemos cambiar. Estamos en constante evolución. Algunos hemos logrado cambios radicales en nuestras vidas pero quizás el tiempo, nuestra actividad diaria, nuestro entorno cambiante, nos ha llevado a olvidarnos de aquellas promesas que nos hicimos y que en su momento nos hicieron sentir tan bien.

Decir es el primer paso, actuar el segundo, y mantenerse en el tiempo es la etapa final. La recaída es factible, pero caer en cuenta de esta es aun mas importante en el orden de primero reconocer, segundo volver a actuar, y tercero, continuar con el constante cambio que hemos decidido efectuar.

Todo es un proceso. Ojala sea un proceso consecuente. La sencillez de las palabras, leídas o escritas no pueden generar un cambio. Somos nosotros los que decidimos ser consecuentes y llevar lo pensado a lo aplicado en una secuencia lógica.

Por ejemplo, he escrito mil veces de vivir en el AHORA y me he visto enfrentado a la angustia por un futuro que es impredecible. Caigo en cuenta, respiro profundo, me acuerdo del AHORA y sigo. Por otro lado, antes utilizaba palabras como “odio” o “detesto” y ahora simplemente he cambado a “no me gusta” o “prefiero”.

Todo es posible. Hasta olvidar que hemos decidido cambiar. Por eso es importante tener presente las consecuencias de no ser consecuente con la decisión de serlo.

Recuerda que no es malo fallar en lo que nos hemos propuesto. Es más importante reconocerlo y actuar. No hay duda que el hecho de ser consecuente genera respeto pero somos humanos y podemos fallar.

Todos admiramos a las personas que son consecuentes, que llevan a la práctica, lo que dicen y creen. Nos entusiasma ver cómo personas son fieles a sus principios e ideas. Pero ocurre en ocasiones que las personas que dicen creer en algo concreto, a la hora de actuar hacen justo lo contrario.

Ser consecuente con las propias ideas es una de las varas de medir que se aplican a todo el mundo. Acabamos fiándonos más de las personas consecuentes y consistentes, aunque no coincidan con nosotros, que de las personas volátiles, cuyos mensajes predicen poco cuál será la acción realizada en el futuro. Es conveniente que poco a poco nos vayamos haciendo más consecuentes con lo que pensamos y creemos. De esta manera no defraudaremos a los demás ni a nosotros mismos.

Ser consecuente es poner en práctica lo que pensamos y creemos pero siempre para el bien de los demás y el nuestro. No hay que hacer anuncios del tipo: “yo haría...” y después a la hora de la verdad echarse para atrás y no ponerlo en práctica. Es mejor hacer que decir. Las promesas falsas causan pérdida de confianza, y si se pierde la confianza, se pierde el respeto, y si se pierde el respeto que nos queda?

Debemos poder ser flexibles en nuestras ideas y nuestra manera de actuar. Si cometemos errores, lo mejor es reconocerlos con humildad. Yo sé que he cometido muchos.


Feliz día para tod@s.

Thursday, May 2, 2013

La motivación para estar motivado. Gracias Pep.



Hace bastante tiempo que no escribo. Tengo miles de ideas y ganas de escribir pero quizás, y haciendo referencia a mi entrada previa, me ha faltado inteligencia ejecutiva. Entiendo que la ejecución esta ad portas pero me falta entrar por la puerta misma. Llevo concentrado en mi trabajo y en múltiples lecturas;  primordialmente, en desarrollarme dentro de la mejor labor que me han otorgado, ser esposo y padre. Ahí voy. Paso a paso.

Dentro de  mis múltiples lecturas, he hecho una pausa en 3 libros para devorarme la biografía de Pep Guardiola. Pep, laureado entrenador de futbol,  ha sido foco de atención recientemente, (aunque creo que nunca lo ha dejado de ser), dado que su equipo previo y su futuro equipo se enfrentaron en las semifinales de la Copa de Campeones de Futbol de Europa. Clara victoria para los alemanes sin duda pero aun nada está escrito sobre ciclos y hegemonías ya que el futuro es incierto.

Quizás de las paginas que me leído, y ya voy pasada la mitad del fascinante libro escrito por Guillem Balague con prologo de Sir Alex Ferguson, he aprendido que es mejor no decir nada si uno no tiene nada bueno que decir. No forzar el impulso si uno no tiene el, como lo refiere Guardiola, “feeling” para hacerlo.

Yo no escribo estas líneas para que sean leídas. Aunque después de superar las 35 mil visitas al blog, y recibir correos preguntando por nuevas entradas, tengo que aceptar que escribir y recibir feedback, siempre será bienvenido y placentero. No me desvío de la idea para decir que escribir es mi terapia, es mi “externalización” de pensamientos los cuales logro registrar en físico,  liberando así mi mente de todo lo que me gustaría hablar con miles de personas que creo aportarían un conocimiento y una retroalimentación altamente apreciada.

Por eso, la motivación, el deseo, y las ganas deben estar constantemente nutridos por lo que a nosotros normalmente nos funciona. Qué te motiva? Qué te ilusiona? Qué te hace sacar esa herramienta de Inteligencia Ejecutiva? Qué te hace ir a comprar un libro o algo mas en medio de un torrencial aguacero? Qué te hace salir a comprar un chocolate a media noche en pantuflas? Son las ganas.

Qué te hace dedicar una canción, regalar una flor, invitar a alguien a algún evento? De nuevo, son las ganas. Y si las ganas son lo que te mueve, es la motivación la que te apunta en la dirección correcta para cumplir con ese objetivo de saciar esas ganas. La motivación es la que te hace perseverar en medio de la tormenta. Es la que te hace permanecer seco en medio de la lluvia sin tener paraguas. Es sentirte impermeable sumergido en  un lago. La motivación es un ímpetu, un momentum, un vector de movimiento y dirección. Es lo que se conoce como “thrive”. La falta del mismo, se conoce como “failure to thrive” y yo lo pondría simple y llanamente como “desmotivación”. Una sanguijuela que se te pega y lentamente te va secando y dejando sin ilusión y sin foco.

Me preguntaron hace poco, llegado al caso que tuviera una oportunidad de hacerle una pregunta a Guardiola, qué le preguntaría. La respuesta fue fácil, ya que llevo varios años diseñando esta pregunta pensando en el día que pueda hacerla. Yo le preguntaría cómo hace para mantener a un equipo ya ganador, motivado para seguir ganando. Lo hizo en las temporadas posteriores a su gloriosa campana del 2009 cuando gano TODO con el FC Barcelona. Es también altamente probable que hoy por hoy, se vaya a encontrar con una situación muy parecida en su nuevo equipo, en otro país, con otra cultura y otro idioma. Pero un solo lenguaje: la motivación.

Varias respuestas pueden ser deducidas entre las líneas de su biografía. Excelente liderazgo, habilidades comunicativas óptimas, ser estricto sin ser irrespetuoso, seguir con las ideas claras, perseverar en medio de malos resultados y muchas más posibles razones. Quizás la más clara para mí, es lograr inculcar valores dentro y fuera de la cancha para lograr convertirse en una familia y abrazar el éxito como equipo y no como un individuo. Cuando se inculcan los valores, y estos son entendidos y aplicados, la tormenta se seca, deja de llover, la niebla se esfuma y el panorama es más claro para seguir avanzando en ese ímpetu motivacional. No tuve la oportunidad de hacerle la pregunta pero me dio la respuesta en su conferencia (de esto comentaré al final).

Piensa en quién eres hoy. Piense a dónde has llegado y lo que te falta por lograr. Vuelve a lo que aprendiste desde que eras pequeño o pequeña ya sea en la casa, en el colegio, en actividades extracurriculares, en eventos laborales etc. Piensa que no estás donde estas por azahar o por suerte. Quizás la has tenido y así lo puedes pensar, pero has sido tú el/la que ha manipulado esa suerte y aprovechado los momentos para lograr la motivación para tenerte donde estás.

Hoy es un día para sentirte orgullos@ por lo que has logrado. Así sea que estés sentado en una silla, en frente de un televisor, en un quirófano o en una sala de juntas, o inclusive si estas de paseo por Bangkok esperando vuelo a Japón. Lo has logrado y yo te felicito. No te envidio, comparto tu felicidad. Siento tu placer como si fuera mío. Me alegro por ti. (No creo en la envidia “de la buena”, para mi es una variable dicótoma y no es positiva.)

La pregunta es, que te va a motivar para seguir motivado?

Como comente anteriormente, tuve la oportunidad de asistir a la conferencia de Guardiola en Bogotá, y aunque se termina hablando de fútbol de manera inevitable, saqué estas conclusiones basado en lo que he leído sobre Pep y lo que nos comentó con su libreta en mano, vestido con un blazer, una camiseta y unos tennis:

  • Debemos siempre recurrir a volver a la época en que éramos inocentes. La inocencia infantil no tiene precio.
  • Lo que nos gusta es lo que nos mueve.
  • En varios aspectos de la vida, es importante distinguir cuando se impone y cuando se da libertad para escoger.
  • La motivación se mantiene al no olvidar qué es lo que nos gusta.
  • En la gran mayoría de aspectos de nuestra vida, de manera consciente o no, lo que hacemos o dejamos de hacer, es con el fin de obtener reconocimiento.
  • Debemos ser auténticos en todo porque todos tenemos en común que somos diferentes.
  • Es indispensable adecuar el ambiente o entorno para poder desarrollar al máximo el potencial de nuestro equipo.


Así pues, a tod@s, un feliz día y fin de semana.

A Pep, grácies.