Friday, June 15, 2012

La F.I.N.A. forma de aprender




Dentro de cualquier proceso formativo que emprendemos, el orden y la metodología deben ser claros. Después de análisis y varios procesos mentales, DacCoaching ha desarrollado una técnica simple para tener clara nuestra forma de pasar del deseo a la acción, a través del aprendizaje y del conocimiento. La hemos denominado F.I.N.A.

En la constante turbulencia de conocimiento que se opta hoy por hoy, es necesario utilizar el conocimiento adquirido y poder ponerlo en práctica. Para esto es importante reconocer los 4 aspectos de la técnica F.I.N.A. y comprender su teoría y la emocionalidad detrás. Es gracias a esto que logramos sacarle provecho a esta técnica.

La describiremos brevemente a continuación:



Formación
Consta de todo el material que tenemos para iniciar nuestro proceso. Normalmente es un material que es entregado o es asignado. Mas que el material per se (como el que le entregan a uno en un curso o taller), es la motivación personal a formarse en el área que se considera de suma importancia, cualquiera que ella sea. El solo hecho de desear aprender mas, ya demuestra el deseo de combinar la importancia de la emoción, desde una base solida de conocimiento.



Iniciativa
Es no detenerse en el material asignado. El mundo es enorme. La información que nos dan no puede ostentar a ser la más completa ya que el mundo del conocimiento es infinito. Aquí es de suma importancia no ser un eslabón más de la cadena, sino buscar más herramientas en el mundo que nos rodea e incorporarlos en el propio modus operandi. No dejes que el tsunami del conocimiento te arrastre, súbete encima de la ola más grande y navega en el.



Noción
Este punto es de suma importancia porque aquí se aclara en nuestro pensamiento, que todo lo aprendido está listo para ser puesto en práctica. Es creer en nosotros, es manejar nuestras propias emociones para poder lograr manejar las emociones de las personas que se empaparan de nuestro conocimiento. Es saber manejar, desde el puesto de piloto, el transbordador que conlleva nuestro deseo de ser cada vez mejores. Es creer en nosotros teniendo seguridad y conocimiento detallado de lo que estamos preparados para lograr. Estamos con la mano en la puerta listos para dar es paso crucial. 



Acción
Es la puesta en práctica de lo que hemos aprendido. Es entrar por esa puerta sintiéndonos seguros. Es nuestra forma de aprender  por medio de causa y error aplicando nuestro cronograma de actividades. Esto nos ayuda a ver materializado todo lo que hemos aprendido y optimizar nuestra satisfacción. Logramos obtener  la sensación de "deber cumplido" como personas y profesionales. Es lograr poner en práctica nuestro plan y muy pronto disfrutar de los resultados.





Así que espero que esto ayuda a tod@s l@s que como yo, estamos en constante aprendizaje.

Friday, June 8, 2012

Curso de Coaching Nutricional en Madrid



Muy gratificante para DacCoaching y para su fundador Juancho Daccach poder haber estado como docente y miembro del panel de expertos de Nutritional Coaching, dictando curso en Madrid, España, el pasado mes de Mayo.

Cuando se consolida un gran equipo de trabajo, los resultados se ven en la satisfacción del alumno o alumna. En esta foto, y gracias a una relación WIN-WIN (gana-gana) generada entre los alumnos y el profesorado, podemos ver la sonrisa característica de Juancho. Una sonrisa de plenitud y gran alegria de poder estar presente en ese momento. Gracias a Nutritional Coaching y gracias a todos l@s alumn@s.

DacCoaching sigue avanzando para ser cada día mejor. 

Monday, June 4, 2012

Lejos en contra del miedo; la impotencia de la distancia




Desde que empecé con la misión de querer estar certificado como Coach en Salud, he podido establecer cuál sería mi línea ideal de trabajo dentro de esta área. Hoy en día, si uno busca Coaching en Salud, está documentado y hay estudios que demuestran que los pacientes logran una mayor adherencia al tratamiento. Se toman con mas juicio y mas regularidad sus medicinas. Este tipo de Coaching en Salud no es el que me interesa.

Existe también una gran diferencia entre hacer Coaching en el área de la Salud y Coaching para estar saludable. Este sería un tipo de coaching personal con el fin de mejorar mis hábitos alimentarios, incorporar ejercicio etc. Es muy interesante y también se demuestra que al incorporar el coaching en la consulta nutricional, se logran los objetivos con una notable eficacia.

Otra forma de implementar el Coaching en Salud es dentro de una organización u hospital, o dentro de algún área especifica en la Institución como tal. Optimizar un servicio de Urgencias, un servicio especifico como Ortopedia o Medicina Interna (por nombrar algunos), motivación del personal, logro de objetivos etc.

El coaching es un acompañamiento, y mi formato ideal de Coaching en Salud es acompañar al paciente y/o a su familia a quien(es) le(s) cambia la vida después de un diagnostico. Algunos dicen que esto es labor de siquiatras o sicólogos y no se equivocan. Ellos harían, junto con el personal médico la terapia necesaria. El coaching NO ES TERAPIA. El coaching busca lograr objetivos y por qué no implementarlo después de afrontar un diagnostico. Son muchos los espacios que quedan vacíos después de afrontar un diagnostico. DacCoaching cree firmemente en la frase, dentro del ámbito del coaching de la salud, que se debe ser “realista para aceptar pero optimista para avanzar”. (JAD)

En algunas entradas previas había realizado preguntas poderosas a personas que han sido pacientes. Son entradas que han logrado una lectura masiva dentro de las casi  21 mil visitas al blog. Esta vez tuve la oportunidad de estar muy cerca a una persona a quien quiero mucho y se enteró, estando muy lejos, que su mamá había sido diagnosticada con un tumor cerebral. Después de acompañar en lo posible a mi amiga Luisa, y después que el resultado fue positivo, pude preguntarle una de esas preguntas poderosas. Le pregunte:

CÓMO LOGRO MANEJAR MIS EMOCIONES Y LAS DE MI FAMILIA SIENDO MEDICA Y A LA VEZ HIJA DE UNA PACIENTE A QUIEN LE ACABAN DE DIAGNOSTICAR UN TUMOR CEREBRAL?

Y esta es su respuesta: (gracias Luisa por compartir esta experiencia)

Iba camino a mi apartamento, salía del hospital donde trabajo y estudio como residente de primer año de Radiología en Barcelona. Recuerdo que era jueves en la tarde, y esperaba un mensaje en mi celular de mi papá con los resultados de una Resonancia Magnética (RM) cerebral de mi mamá en Colombia por unos mareos. Me imaginé todos los resultados menos con el que me encontré. Mi mamá es joven, sin antecedentes de enfermedades ni familiares, sonríe, es coherente, hace perfectamente dos mil cosas al día y sólo se quejaba de un simple mareo recurrente de 2 meses de evolución; siempre que me contaba de su síntoma le decía con casi 100% de seguridad que se podía tratar de un vértigo benigno. Nunca piensas que tu mamá tenga un tumor.

“Lesión expansiva de aspecto neoplásico de 7.6 cm, en fosa posterior, con hidrocefalia y herniación de amígdalas cerebelosas”...ese era el resultado de la RM. Vi ese mensaje y en realidad sentí algo horrible: frío y pánico, lo único que se me ocurrió escribirle a mi papá fue: mierda pa!...eso es un tumor, corran a urgencias ya!......y mi papa no contestó nada...me imagino que inmediatamente hizo lo que le dije.

Yo pensaba lo peor, lloraba, me agarraba la cabeza, no podía hacer nada desde Barcelona. Qué gran impotencia sintiendo que mi mamá tendría un tumor maligno y que se vendría algo muy fuerte en mi casa. Volvía a leer minuto a minuto el reporte de la RM y quería morirme, estaba sola. Llame a una amiga con quien vivo, y solo le lloraba. Ella no entendía nada, me preguntaba y yo gritaba con mucho desespero y angustia. Cuando llegó al apartamento le conté todo, y empezamos a planear mi viaje a Colombia junto con dos amigos más. Entre ellos organizaron todo, yo no podía responder a nada.

Entre la angustia logré pensar en algo importante: mi papá estaba SOLO con mi mamá en camino a urgencias y el es un hombre muy estresado que se intranquiliza con la menor cosa. Necesitaba apoyo, no quería que ahora él se infartara o que algo le pasara. Se me ocurrió llamar a mis hermanos, primos y tíos, y con voz entrecortada haciéndome un poco la fuerte, les explique que mi mama tenía un tumor cerebral indefinido, pero que lo más importante era que acompañarán en ese momento a mi papa y obviamente a mi mama. Solo eso, compañía y energía positiva...yo trataba de hablar sin llorar pero me desmoronaba. Que impotencia no poder hacer algo más, pero era lo único.

Sabia que debía llamar a mis papas y explicarles un poco de que se trataba todo esto. Soy la única médica de mi familia y tenía que ser fuerte para transmitirles desde el teléfono seguridad y confianza. Después de llorar como loca, y de hablar con mis amigos en el apartamento, respiré y me llené de fuerza y llamé al celular de mi papá. Sorpresivamente él estaba muy positivo, tenía la voz fuerte y clara. Ya estaban en urgencias y me dijo que el médico ya les había explicado algo acerca del tumor, que había altas probabilidades de que fuera benigno, y que conllevaría a una cirugía rápida. El médico les explico que inicialmente estaría en observación con algún antiinflamatorio intravenoso y más tarde la hospitalizarían. Yo no podía estar tan positiva y menos estando lejos. Por mi cabeza se pasaban las peores cosas, pero solo le dije a mi papá que por ahora debía transmitirle a ella la mejor energía de todas. El me dijo: “¿quieres hablar con ella?, la tengo al lado”. Yo parecía una niña de 10 años con miedo, taquicardia y sudoración de solo pensar en hablar con ella. Me la paso al teléfono, de fondo solo se oía llanto, mi mamá no podía hablar mucho, solo me decía que no entendía nada, que por que a ella, que tenía mucho miedo. Me decía: “nenita, quiero seguir siendo mamá, esposa y abuela, me falta conocer más nietos, quiero vivir más!”. Con las fuerzas más remotas, evitando el llanto, y con un gran dolor en la garganta (ese nudo típico al no poder llorar),  traté de explicarle que era como una lotería, se pierde o se gana, y ella se ganó ese boleto y debía enfrentarlo con mucha fuerza. Le explique que pasara lo que pasara,  íbamos a estar toda su familia muy unida, acompañándola siempre y que entre todos saldríamos de esta dura y desagradable prueba.....colgamos. Yo sentía y me imaginaba lo peor, era increíble como hacia una hora todo era diferente.

Esa ajetreada noche, entre llamadas, celular, skype, contactos, amigos, médicos conocidos, me sentí por primera vez una hija de verdad. Sentí que ya había crecido y que tenía mil responsabilidades de mi lado. Ya no era tan niña y tenía mucha ansiedad por ir tachando cada tarea cumplida. Por distintos inconvenientes tocó trasladar a mi mamá a otro hospital y mis hermanos mayores contaban con mi opinión para cualquier movimiento que fueran a realizar, cualquier decisión a tomar.  Yo era la hermana menor, pero en ese momento también era médica y era la única que entendía lo que estaba pasando. Yo sola entendía los riesgos de un traslado sin ambulancia y de una “salida voluntaria” del hospital con una hernia cerebral. Pero era necesario y se decidió por medio de celulares y consejos de mis amigos. En el proceso se involucró gente invaluable a la cual sigo agradeciendo, porque sin ellos no hubiera sido tan fácil todo. Además en esta nueva clínica, seria atendida por uno de los mejores neurocirujanos del país. Que tranquilidad cuando ya estaba allí, hospitalizada, canalizada, con medicación intravenosa y con todas las atenciones y precauciones posibles. Nuevamente gracias a todas las personas que ayudaron a que todo saliera de esa forma.

Sabiendo que ya estaba en la nueva clínica, por fin pude dormir gracias a unas gotas de un ansiolítico potente. Al otro día a primera hora organicé mis maletas, expliqué en el hospital en Barcelona lo sucedido y salí al aeropuerto rumbo a Colombia. Fue el viaje más largo y extraño de toda mi vida. Se me pasaban diez mil diagnósticos, mil tratamientos, complicaciones, hipótesis, recuerdos. Comí menos de lo que lloré pero sabía que cuando llegara debía estar más tranquila. La única forma de equilibrarme era llorar en el avión, era inevitable.
Como todo llega junto, en estos momento en mi vida pasaron tres eventos impactantes: el primero, dos días antes de la noticia de mi mamá, mi novio de 4 años había terminado con la relación de un momento a otro sin más; el segundo, y más importante, el tumor de mi mamá; y el tercero, estaba sola, llena de miedo y muy lejos de mi casa. Pensaba que nunca en mi vida me había tocado enfrentar algo así y menos sola. Siempre he sido la consentida, todo había sido fácil y siempre acompañada en todo. Por momentos me sentía derrumbada, sentía que no iba a poder, pero siempre lo diré, hay una fuerza muy potente que te ayuda a lograr entender y asimismo te inyecta energía para enfrentar las cosas. Aun más si llegan tantas al mismo tiempo.

La llegada a Colombia fue un tanto extraña y diferente. Había pocas personas esperándome ya que mi papá no había querido que todo el mundo estuviera recibiéndome como siempre lo habían hecho. No había mucho ambiente para eso. Mi papá estaba pálido, triste, y cuando llegué, me abrazo muy fuerte. Fue horrible que no estuviera mi mamá ya que ella siempre me recibía en el aeropuerto casi gritando, con lágrimas y con mil picos y abrazos. Esta vez no estaba ahí, que sensación tan amarga. Fui a mi restaurante preferido pero no llamó la misma atención de siempre. Yo estaba muy desconectada y comí por disimular. Mis papas estaban estrenando apartamento en Bogotá hacia 3 meses y yo no lo conocía. Cuando entré me di cuenta de lo hermoso que era. Habían puesto muchas fotos en todos lados incluyendo de mis padres jóvenes cuando eran novios. Se me revolvía todo, pensaba que mi mamá podría tener algo muy maligno y que no seria la misma de siempre después de esto. Peor aún, que simplemente no estaría. Era sábado 10 pm cuando llegue y no había visitas en la clínica a esa hora. Tocó esperar hasta el día siguiente para visitar a mi mamá. Esa noche mi papá me confesó que hacia 3 noches no dormía y que mi presencia lo tranquilizaba mucho. Ha sido la primera vez que lo veía tan débil y necesitando mí ayuda.

Al día siguiente madrugamos con mi papá y verla fue lo más bonito que me ha pasado en la vida. Verla viva y bien fue la mejor sensación del mundo. Poder estar ahí, abrazándola, disfrutándola, una felicidad que no se puede describir. Mi objetivo era estar con ella todo el tiempo que pudiera, de día y de noche. Y así fue. Ella como loca me abrazó y lloró, me presento a todas las enfermeras que ya tenía como amigas. Ese día en el papel de “hija-médica” le explique con sinceridad de qué se trataba todo lo relacionado a su diagnostico. Le hice dibujos, y a todo lo que ella preguntaba, yo le contesté con la verdad, al igual que le contestaba a mi papá y mis hermanos y a cualquiera que lo hiciera.

Un día, gracias a conocidos que trabajaban en la clínica, pude ver toda la historia clínica de mi mamá y la valoración de cada especialista. Me interesé en los informes de radiología, ya que es lo que estoy estudiando y era clave en el diagnóstico definitivo. Al ver varios diagnósticos diferenciales entre ellos glioblastoma multiforme (tumor muy maligno) y metástasis (diseminación del tumor), me derrumbé. Sabia como médica y como futura radióloga que se tenía que dar varias opciones diagnosticas. Esto siempre se hace. Pero al tratarse de mi mamá, no lo entendí, y confieso que huí sola al baño de la clínica a llorar preguntándome: “¿y si es alguno de esos?, q vendría?, saldría viva de la cirugía?, tendría secuelas graves?”  No le dije nada a ella ni a nadie, esto fue un secreto para mi sola. Bueno, ya no. Toda la familia se encargo de transmitirle muy buena energía a mi mamá y así lo enfrentó. Siempre viendo el lado positivo de todo.

Llego el día de la cirugía, estaba programada a las 9 am y estuve con mi papá desde las 7 am acompañando a mi mamá. Ella estaba algo intranquila desde la noche anterior conociendo la opción de muerte intraoperatoria o daño cerebral que le habían advertido el anestesiólogo y el neurocirujano. Me confesó que no había dormido mucho, aquí entre nos, nosotros menos. Cuando ya se la llevaban al quirófano, fue cuando sentí la incertidumbre más desgarradora.  Ver a mis papas despedirse con besos, abrazos y muchas lágrimas fue escalofriante. Nunca creí que podía estar en esa situación, y de un momento a otro estaba en ella. Muy fuerte.

Yo ya había hablado con su neurocirujano y con varios amigos y si algo estaba claro era que mi papel era crucial antes, durante, y después de la cirugía. Mi papá, mis hermanos, el resto de familia, los amigos de la familia me miraban todo el tiempo. Me preguntaban, me ojeaban, yo era la intérprete del médico hacia ellos, y de la familia hacia los médicos. Era el centro de un reloj de arena interminable. Si estaba tranquila ellos lo estaban, si me agarraba el pelo y me sudaban las manos ellos me vigilaban, si sonreía ellos lo hacían. No era nada sencillo el rol que me tocaba desarrollar.
Fueron 10 horas interminables de cirugía. Horas en las que confieso traté de ser la más fuerte pero por momentos estuve tensa. Entré más de 4 veces a la capilla, me encerraba en el baño, salía a caminar con mi papá por los alrededores de la clínica. La cirugía se demoro más de lo previsto y me imaginé muchas cosas que podían estar pasando. La gente era prudente y no creían que mi mamá estuviera en peligro. Mi mamá es una guerrera, es joven y donde va saca mil sonrisas con su espontaneidad, es increíble, a cualquiera le puede pasar.

Salió de cirugía y el Neurocirujano tranquilizó a mi padre con un abrazo y le dijo q todo estaba bien. Llegue corriendo allí y me explico, solo a mi, paso por paso la cirugía y la causa de la demora. Era un gran tumor, localizado en una parte muy delicada y de difícil extirpación, con componente quístico y sólido (casi como tocar una piedra) que estaba produciendo gran compresión intracerebral y que llego a inestabilizar a mi mamá al inicio de la cirugía pero salió adelante. Me contó todo esto, y mi primera reacción fue llorar como un bebe. Tenía mucho miedo. Era como caer en cuenta de todo lo que hubiera podido pasar si no se hubiera podido realizar la cirugía como se realizó. Era una sensación de alegría inmensa pero a la vez mucho susto de lo que pudo haber pasado. Posterior al llanto, lo único que hice fue darle un fuerte y demorado abrazo. Gracias inmensas a él.

Viene la paranoia del periodo del postoperatorio y hay cansancio. Aun falta el resultado de la patología y eso les genera mucha preocupación a mis padres, a mis hermanos y por supuesto a mí. Contestó mil llamadas, respondo otras mil preguntas. Llamaban de todos lados y poco a poco entendía la preocupación de las personas y la necesidad de explicar el “paso a paso”.
Al segundo día postoperatorio, mi mamá se encontraba en el peor de los mareos, casi 4 episodios de vómito. Se quejaba y lloraba. Admito que hice un poco de presión para que se le realizará una Tomografía Computarizada (TC) cerebral de control ya que mi mente empezaba a imaginarse cuanta complicación podría existir. La TC estaba perfecta y fue un gran alivio que los mareos eran secundarios a su cirugía. No es tan fácil ser médico cuando de la familia se trata.

Ya en casa, al cuarto día postoperatorio, me comprometí con su médico a ser su médica de cabecera las 24 horas del día e informarle todos los días de su evolución. Ese fue el compromiso para salir tan rápido de la clínica y así se hizo. Mi mamá estaba desesperada en la clínica, solo pedía que la dejaran salir; claro está, con los cuidados de su hija. Que responsabilidad me llevé, pero la acepté viendo que ella se encontraba bien.


Viene entonces la segunda parte: mi mamá salió con analgésicos opiáceos y con un vértigo periférico que le dificultaba caminar o ir al baño sola. Todo lo que hiciera debía ser acompañada. Absolutamente todo.
Estaba con algo de dolor, con una cicatriz grande en la región posterior de la cabeza y esta medio rapada. Era extraño verla así, se cansaba fácilmente, no toleraba el caminador entonces no caminaba. Al tomar el opiáceo hablaba despacio y algo embotada. No era la de siempre pero la amábamos y estábamos felices de tenerla viva.
Los primeros días lloraba mucho, se deprimía, le desesperaba no poder hacer las cosas básicas sola. No poder prepararle a mi papá un sencillo café o partirle un pedazo de fruta. Mi padre y yo, junto con la persona que nos ayuda en la casa, la asistíamos a ir al baño. Ella con algo de vergüenza intentaba hacerlo sola pero era complicado y al final entendía que lo debíamos hacer juntos. Fue difícil tanto para ella como para nosotros. Estaba muy impaciente por hacerlo todo sola, y eso fue lo que ayudo a que el proceso de recuperación fuera tan rápido.

Y así paso el tiempo. Llego el momento en que se pudo suspender la medicación y caminaba cortas distancias sola. Mejoraba su actitud y mi madre volvió a maquillarse, preparó café, partió fruta, y poco a poco volvió a su realidad, a su independencia. Tuvo su primer control donde le informaron que los resultados de la patología habían sido favorables: era un tumor benigno y no requeriría de más procedimientos. Solo se continuarían controles con RM. Todo esto ayudo a que todo mejorara.

Llego el día de mi viaje y fue una despedida fuerte, intensa, pero más real que las anteriores. Todos ya sabíamos que somos humanos y que cualquier cosa nos podía pasar. Nunca estamos exentos de nada. Me despedí de mi mamá en la casa. Llantos, sonrisas y sentimientos positivos ante todo. Ese era el mensaje para todos, una buena actitud a lo nuevo que llegase. Una ventana abierta. Mi papá me llevo al aeropuerto y le afectó porque se le iba su niña, su médica, su compañera, su apoyo. Era lo que tocaba.

Y así fue una experiencia que me cambio la vida por completo. Me hizo crecer, aprendí a  valorarme y a quererme mucho más. Una experiencia que me llena de emociones encontradas, bonitas y feas, claras y oscuras, tristes e inmensamente alegres. Fui hija mayor y menor, hermana, sobrina, amiga, prima, colega y médica, me enfrente a miedos propios y ajenos, desbordó mi imaginación y mi conocimiento, me hizo poner más los pies en el suelo, me aterrizó y me ayudo a enfrentar las otras cosas por las cuales sufría. Todas ellas al lado de ésta no eran más que pequeños tropiezos.
Ahora soy más feliz, más fuerte y crecí inmensamente.