Thursday, May 24, 2012

En sus marcas... un momento


Todos los días estamos en constante afán de lograr nuevos planes y ponernos nuevas metas. Hoy en día la calma es un lujo y vivimos haciendo múltiples tareas (multitasking) creyendo que más es mejor, o que hacer más nos hace más eficientes o más útiles.  A costa de qué o de quién logramos tanto? Quién nos da ese premio por hacerlo?

No tiene nada de malo pensar así, si y solo si, la emocionalidad de estos eventos no convierte nuestro deseo de hacer muchas cosas en una tormenta de desespero e intolerancia a la frustración. Nos toca saber aceptar nuestras capacidades para no ahogarnos en nuestros propios planes.

Cada uno es consciente de qué es capaz, y cada uno se pone metas que seguro logrará. Lo clave es saber cuáles son las metas esenciales y cuáles son las metas prioritarias. Las demás, pueden esperar en la lista de “quehaceres” o en un cajón o archivador. Para esto, como dice Leo Babauta en su libro “The Power of Less”, la clave es simplificar.

Simplificar es volver la rutina más fácil. Simplificar es deshacerse de todo lo que sobra, de ese exceso de equipaje que llevamos a cuestas dejando así el camino que seguimos más vividero, más agradable. Pero es muy diferente simplificar (como el hecho de volver una rutina más fácil) que asumir que hacer algo simple siempre es fácil. Todo lo contrario, lo que parece simple, es algunas veces lo más difícil de lograr.

Por eso iniciar procesos tampoco es ni simple ni fácil; es un proceso en sí. Y como todo proceso, lo más importante es la secuencia, sabiendo que es reversible, que lo ideal es que llegue a un estado de fluidez y que además, conlleva un estilo propio. Lo importante está claro, ahora debemos priorizarlo.

Una vez tenemos claro ÉL único objetivo (recomiendo iniciar uno a la vez), es necesario analizar de donde estamos partiendo. Para mí el coaching es un acompañamiento que hacemos desde un punto A hasta un punto B. De nuevo suena simple, pero no se confundan. No es fácil, al menos no siempre.

Así que ese “de donde estamos partiendo” es el punto A.

Tendemos a visualizar nuestro objetivo y salir corriendo hacia el sin analizar desde donde estamos partiendo. Todo proceso conlleva una adecuada planificación y eso incluye analizar el entorno donde nos encontramos para poder saber exactamente dónde estamos y con quién contamos.

Esto es muy importante ya que al analizar nuestro punto de partida, nos permitirá contestar preguntas como:

Dónde me encuentro y qué tan lejos se encuentra mi objetivo?
Qué de lo que tengo me sirve para lograr mi objetivo?
Qué me hace falta para alcanzarlo?
Quién me apoyará en mi camino hacia ese objetivo?
Quién sobra en este proceso?
En cuánto tiempo quiero lograrlo?

No necesariamente estamos obligados a seguir un proceso en todo lo que hacemos, pero si decidimos hacerlo, es de suma importancia analizar estas preguntas y sus respectivas respuestas,  para conocer puntos clave del camino que vamos a emprender hacia ese gran objetivo que nos hemos propuesto.

“No temáis a la grandeza; algunos nacen grandes, algunos logran grandeza, a algunos la grandeza les es impuesta y a otros la grandeza les queda grande”
- William Shakespeare

Así que la gran pregunta final con respecto a nuestros objetivos es si prima la cantidad de procesos o la calidad del proceso per sé que emprendemos para lograrlos?

Para un momento. Deja la emoción de un nuevo objetivo en la recamara de tu pensamiento y analiza tu entorno. Contesta las preguntas básicas y simplifica tu presente. El futuro está enfrente de ti y tarde o temprano llegará. 

Expande tu AQUÍ y AHORA y disfruta tu camino.

Monday, May 7, 2012

Agentes Bloqueadores



Existen personas que le temen al fracaso. El miedo no es patológico al menos que se vuelva una tormenta emocional que abarque el pensamiento y sirva de bloqueo para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Ser valiente no es simplemente decir que no se siente miedo sino, saber afrontarlo. Por eso decir que se le teme al fracaso es el primer paso para vencerlo.

Decir que se le teme al fracaso es pre-ocuparse por un futuro incierto. No es al fracaso al que se le teme sino a la incertidumbre de no saber que va a pasar. Así como en determinada situación se puede fracasar, existe la misma probabilidad que la misma situación sea exitosa. Entonces nos dejamos afectar por la incertidumbre de algo que tiene un 50% de probabilidad de ocurrir.

Vale la pena?

Lo importante es reconocer el temor y después “objetivizar” (identificar objetivos de manera secuencial) la meta para lograr sentir el placer de llegar a donde queremos llegar. Esto se debe hacer siendo realistas y aceptando los resultados. Estos pueden ser diferentes a los esperados y es por esto que se debe contar con  la suficiente inteligencia emocional para aprender en el proceso y extraer todo lo positivo. Si algo negativo se atraviesa, se acepta y se avanza y de nuevo, se aprende de él.

Un temor a algo incierto es fruto de 2 cosas: la primera es inseguridad. Esto queda claro al dejarnos amedrentar por algo que no sabemos si pase o no. Nos condiciona el “qué pasa si” y también nos dejamos afectar en el proceso hacia nuestra meta, enlenteciendo sin razón la misión original. No podemos estar seguros de nosotros mismos si le tememos a lo incierto. Lo segundo, es que no estamos aprovechando el momento que estamos viviendo. No estamos viviendo el ahora por estar pensando en ese futuro que nos asusta. Estamos dejando que el presente sea aun más efímero.

Cuántas veces nos hemos hecho pedazos la cabeza y el corazón por meses y meses esperando una fecha cualquiera? Llega la tan anticipada fecha e independiente del resultado, somos capaces de afrontar la situación. Si en ese momento miramos atrás, nos damos cuenta que hemos desperdiciado esos meses en angustia cuando los hubiéramos podido aprovechar en vivir ese “ahora”, que en este momento ya se convierte en pasado. Un pasado que no volverá.

Siempre he creído en ser realista pero eso no quita la posibilidad de soñar y atraer lo que uno quiere. Todo viene con esfuerzo y sacrificio y lo que llegue por suerte, bienvenido sea. No espero a la suerte ya que la suerte es azahar, y como algún día la podemos tener de nuestro lado, otro día podría estar del lado contrario.

Todos le tememos a la incertidumbre pero muy pocos lo aceptamos. O escribiéndolo de diferente forma, todos le tememos a la incertidumbre pero no todos lo tenemos presente.  Cada día nos levantamos con nuevos retos y nuevos proyectos pero existen barreras que aparecen ya sea en forma humana o en forma de pensamiento bloqueante que no nos permite avanzar. A esas personas que solo existen para bloquear, y a esos pensamientos que pretenden frenar la ilusión, es bueno reconocerlos también y dejarlos a un lado. El objetivo es claro y sabemos que no será fácil, pero si logramos eliminar la carga emocional con que estos “agentes bloqueadores” nos persiguen, podremos respirar mucho más tranquilos, más despejados y con un panorama mucho más agradable.

Cuáles son tus agentes bloqueadores? Quiénes o qué te frena?

Para terminar quiero agregar que parte del proceso es reconocer y después viene el hacer. Tal vez es hora de reconocer que el agente bloqueador puedes ser tú.

Feliz semana para tod@s