Tuesday, March 20, 2012

Los AUTOS que te frenan




Existen múltiples ocasiones donde he creído estar listo. Cuando llega el momento, ya sea un momento esperado o no, caigo en cuenta que no lo estaba. Y estaba lejos de estarlo. Esta misma confusión de la última frase, es la confusión que se arma en mi cabeza repercutiendo a su vez emocionalmente en mis actos. Una sensación de no saber por qué, si lo he preparado, no soy capaz de aplicarlo en el momento debido.

Como algunos pacientes con diagnostico desconocido, he decidido tratar de buscar la cura y no ponerle nombre a la enfermedad que lo afecta. Lo primero que se me ocurre es identificar qué me puede llevar, justo en el momento para el cual me he preparado, a que se desbarate el castillo, se rompa la tela y me dé durísimo contra el planeta. Porque una cosa es descompensarse y otra cosa es caer en cuenta que no logré un objetivo. Como me lo dijo Guadalupe en Barranquilla, “niño, lo que tú eres es intolerante a la frustración”. Entendí el significado de insight por primera vez. Me dieron la  respuesta a una pregunta que jamás había hecho. Introspección pura y dura.

De mi infancia me acuerdo de una situación en mi vida que la he determinado como clásica. Ultimo año de colegio, séniores, en esa época y en mi colegio, éramos “los de once”. Teníamos desfile y no sé si con el ego de levantarme alguna novia, o llamar la atención; o quizás simplemente sentirme bien en algo que creía hacer bien, que era bailar, me esforcé mucho para aprenderme la coreografía de uno de los bailes. Ensayaba muchísimo pensando en ese día. El día que las luces brillarían y que la gente aplaudiera “a ese man que baila mucho”. Ja, tenía 16 años y me daba golpecitos de autoestima. La coreografía y el baile ya estaban perfectos; es más, yo era de la línea frontal, primer plano. Luces, sonido y acción. Todo perfecto hasta que en un giro sobre mi propio eje, perfectamente ensayado innumerables veces, mi pie de apoyo se fué al vacio. Se salió de la plataforma o pasarela y lo único que pude hacer fue saltar y apoyarme pisando una de las mesas de al lado de la pasarela la cual estaba llena de vasos de whiskey y picadas. Risas. Afortunadamente no me caí pero si desbaraté la coreografía de INVIERNO. Nuestro desfile, Mix n Match, era por estaciones. Sentí el frio. Créanme.

Estudiando medicina también tengo varias pero quizás la más diciente en este tema que estoy tratando de orientar, es cuando hice mi rotación por Dermatología. Aunque yo sabía que no sería dermatólogo, decidí hacer mi mejor esfuerzo para estudiar bastante y aprender toda la dermatología posible. Resumí todo un libro y tomé notas en un cuadernito que fue un salvador en el internado y rural. Me codeaba con los “duros” del salón. Era referencia. Mis amigos hasta me preguntaban cosas. Yo me inflaba. De nuevo, golpecito de autoestima. Esta situación sí que la tenía controlada. Al menos eso pensaba. Llegó la hora del examen final oral. Cuál miedo? Yo había estudiado todo, y además gracias a haber sido paciente dermatológico clásico, tenía una cierta afinidad por saber todo lo relacionado con la patología adolescencial del acné. Llegó mi momento y mi nombre fue llamado para el examen oral. Acordándome como si fuera ayer, la indicación  fué: hábleme del acné MONOMÓRFICO. Plop. Parálisis completa. Ese no lo tenía ni en mi cuadernito ni en mi disco duro. Colapso. Pase de saber todo a no saber nada en milisegundos. Tormenta emocional y derrumbe. Creo que hasta algunas lágrimas me salieron. Rabia y desolación. Creo además, que hasta mis profesoras se compadecieron de mí y me calificaron “el esfuerzo”.

Actualmente acabo de sentir algo parecido. Pensaba que ya estaba listo para tener una hija. Craso error de percepción y creo que no he sido el único, aunque eso no es relevante. Lo bueno de todo, es que me di cuenta y afortunadamente, ya viendo el vaso medio lleno y en retrospectiva, he logrado la capacidad de sentarme a analizar con cabeza fría y determinar en qué fallé. Como siempre, tratando de aprender de mis errores.

En breve, no supe manejar el estrés que genera tratar de dirigir una orquesta donde no has sido invitado a dirigir.

Así que saqué como conclusión, y por eso tal vez me he demorado en volver a escribir, los 5 autos que te frenan a la hora de actuar. Acá van:

AUTOCRÍTICA
Simplemente te das durísimo y te sigues dando duro cuando las cosas no salen como pensabas. Es como ese personaje de El Código de DaVinci (Dan Brown, 2003) que se llamaba Silas. Silas era un monje albino, devoto de la organización católica del Opus Dei que practicaba la mortificación corporal, azotándose a sí mismo y utilizando además un cilicio de metal. Pues la autocritica puede ser tan macabra para el manejo emocional como lo es la mortificación corporal.

Frases como “no sirvo para nada” o “no hago nada bien” son muy frecuentes. Negativas en toda su expresión.

AUTOCONTROL
Este auto se vive al sentir frustración porque las cosas no salen como uno quiere. Este tipo de control, el control que tengo sobre mí y sobre mis emociones, hace corto circuito y se pierde. Las cosas ya no funcionan, y uno se derrumba porque todo lo que había planeado, ha colapsado. No hay capacidad de reacción y búsqueda consecuente de un plan B. Mucho menos hay estabilidad emocional. Has caído como Alicia, en el hueco de la base del árbol. La diferencia es que nunca tocas fondo.

AUTONOMÍA
Como lo dije antes, uno puede creerse el director de una orquesta sin ser invitado. Esto es horrible en el momento exacto cuando caes en cuenta que nadie te invitó. Esa autonomía que pensaste que tendrias, de un momento a otro, ya no la tienes. Y no es porque te la han quitado. Es porque nunca la tuviste. Así que la ilusión y tus planes que creíste podrías llevar a cabo, simplemente no tiene cabida. Pierdes la autoridad que nunca tuviste. Corto circuito cíclico. Perturbación emocional con golpe bajo.

AUTOCONOCIMIENTO
En pocas palabras, es reconocer que no has logrado controlarte cuando las cosas no han salido bien. Caer en cuenta que no te conocías tan bien como pensabas. Que la situación en que te has visto se te salió de las manos. Pensabas que sabias qué hacer y en el momento de hacerlo, no lo pudiste hacer. Además de eso, caes en cuenta que creías que te conocías lo suficiente para poder reaccionar. Pero no. Tampoco.

Todos los días nos conocemos más. Quizás para la próxima, sea suficiente. Lo que sí sé, es que nunca nos llegaremos a conocer del todo. Y esto es algo que no podremos cambiar, solo aceptar.

AUTO LOCK SYSTEM
Este me gusta mucho porque me acuerda a grandes amigos. Lo decíamos cuando jugábamos cartas y una jugada que pensabas que te haría ganar, te hacía perder en un segundo. Por tratar de llevar el juego a la victoria, terminabas perdiéndolo todo. En términos médicos seria APOPTOSIS o AUTODESTRUCCION en términos convencionales (como el mensaje de Misión Imposible). Es cuando todo se destruye y tú estas completamente presente “con todos los huevos en la misma canasta”.  Es ese bombillo rojo intermitente y ese sonido de alarma James Bondesca que empieza a sonar y todo te cae encima y además, te cae en la cabeza. Te deja atontado, con las rodillas blanditas y el estomago apretado.

***

Así que una vez conocidos los autos que pueden frenarte en seco, queda como misión analizar en detalle las situaciones en que nos hemos vistos expuestos a 1,2,3,4 o 5 de estos autos y sacar nuestras propias conclusiones de cómo actuar para superarlos.

Para poder actuar se debe reconocer, y este sería el primer paso para logar que estos autos sean impulsadores y no frenos. En pocas palabras, que generen conocimiento y reconocimiento personal. Lograr que dichos autos frenadores sean identificados y los podamos mirar a los ojos fijamente mientras impulsamos una sonrisa de media boca, y finalmente les piquemos el ojo en señal de que ya están dominados y que no caeremos en la trampa.

Para poder SER se debe RECONOCER y cuando llegue el momento, saber HACER.

Una gran semana para tod@s