Sunday, September 16, 2012

La confianza asertiva



Hace ya unos meses leí un libro escrito por Adolf Guggenbuhl-Craig, analista junguiano suizo perteneciente a la escuela arquetipal en psicología clínica. En ese libro, el cual admito fué agradable de leer no sin presentar una que otra dificultad, se describe la posición dicótoma de todos los aspectos de la vida. Una especie de explicación jungiana sobre el Ying y el Yang, las dos caras de las monedas etc.

Todo proceso en nuestras vidas necesita de un elemento clave. Necesita de la llave para darle inicio. Una especie de bandera verde para poder tomar parte de el. Dentro del mundo de las emociones, yo la catalogaría como una emoción primaria al igual que la alegría, tristeza, angustia, sorpresa, ira, miedo y disgusto.

Les hablo nada más y nada menos de la CONFIANZA.

Laurence Cornu en “La confianza en las relaciones pedagógicas” describe la confianza como una hipótesis sobre la conducta futura del otro. Es una actitud que concierne el futuro, en la medida en que este futuro depende de la acción de un otro. Es una especie de apuesta que consiste en no inquietarse del no-control del otro y del tiempo.

Estoy de acuerdo en que es una acción a futuro pero va ocurriendo en cada presente que vamos viviendo. La confianza es una puerta por la cual decidimos entrar, sin olvidar que cada paso que damos, nos profundizamos en un terreno que debe ser analizado constantemente.

La dicotomía del término es clara. Podemos estar constantemente en plena desconfianza o pasar al otro lado a tener exceso de confianza. No recala la posibilidad que estas dos puntas de la línea puedan ser utilizadas en ocasiones, pero yo creo que es importante mantener una especie de asertividad dentro de la confianza misma. Una confianza asertiva. Una confianza neutra, conociendo que en cada acción, cada encuentro, cada reacción, la confianza misma puede llevarnos a uno de sus dos extremos.

La confianza es un arma de doble filo.  Quizás es nuestra mente y/o nuestra emocionalidad la que se deja manipular  por esta hechicera o princesa. De nuevo, las dos puntas de la dicotomía.

Por eso, la mejor herramienta que tenemos, una vez mas, es tener presente nuestro presente y vivir el ahora, sin olvidar  que dicha confianza puede inclinar la balanza y llevarnos a momentos incómodos que son evitables.

Veamos un ejemplo que seguro le ha pasado a mas de uno.

Nos presentan a una persona o a una pareja de esposos. Aquí ya existen 2 caminos que esta relación puede tomar. Una por interés, ya sea profesional o personal, y la otra es simplemente la opción de “no interés”. Cuando no existe interés, la naturalidad sale a flote. No nos interesa pretender ser alguien diferente, no nos interesa impresionar a los nuevos conocidos y simplemente seremos nosotros mismos siendo esto la libertad más grande que hay. Por eso de esta opción no hablaré en esta entrada.

Cuando existe algún interés de por medio. El infalible “juicio” entra a jugar y forma parte de la consciencia de la confianza. Indiscutiblemente no hay una segunda oportunidad para causar una primera impresión y esto funciona a doble vía. Tanto nosotros hacia las personas que estamos conociendo y viceversa.  El juicio siempre entra en juego y es el que da el paso a la confianza.

Una vez iniciamos nuestra neo-relación, la cordialidad y la mesura se apoderan de nosotros. No tenemos la  confianza para algunos chistes o algunas palabras que diríamos con personas ya conocidas. La confianza y el deseo de ser agradables se convierten en una mascara temporal que una vez pasado el primer filtro, podemos llegar a quitar y mandar bien lejos.

Cuando ya “entramos en confianza” es cuando el terreno puede convertirse, en un segundo, en terreno inhóspito y desagradable. No existe un punto exacto para que podamos ser nosotros mismos. Talvez para algunos interesados, solo se puede cuando cumplen con el objetivo de obtener algo. Un favor, una buena palabra, etc. Una vez esto se cumpla, ya se quitan la mascara y siguen siendo los mismos en esencia.

Algunas relaciones continúan y a medida que madura la relación y salen los verdaderos colores de cada integrante, nos sentimos con la confianza para expresar nuestros sentimientos a lo que no nos gusta y hasta ponernos bravos con las otras personas. Cuándo se imaginaria uno que en la primera fase de la relación uno sacaría la verdadera esencia? Esto solo pasa cuando ya hay confianza. En mi país se conoce esta acción como “pelar el cobre” y es una acción que desenamora si no viene justificada ya sea con una explicación o una escusa. Nadie es perfecto y todos nos equivocamos, y si hay una relación que verdaderamente vale la pena conservar, cuando el cobre es pelado y los verdaderos colores de nuestra esencia salen a flote, debemos tener una explicación y bajar la cabeza. La aceptación y la adaptabilidad son diferentes en cada caso. Aceptar a otras personas como son es de gigantes emocionales y se debe saber llegar a este estadío progresivamente. Sorpresas te da la vida.

Mi padre me enseño que “se debe desconfiar de todo el mundo pero no mostrar desconfianza.” Creo que es acertado el pensamiento ya que nos mantiene en el presente de una relación. Es obvio que cuando el tiempo, la emocionalidad y la confianza son llevadas a su umbral de permanecia, esta frase ya no hace efecto. Nadie (bueno seguro algunas mentes patológicas o resentidas) anda por la vida desconfiando de su esposo o esposa, padre o madre, hijos y amigos cercanos. Esto no es vida.

Estamos envueltos en nuevas relaciones a diario y depende de nosotros qué tanta confianza mostremos y hacia donde queremos llegar con ella. La falta de interés es clave para poder ser nosotros mismos. Vivir en transparente es lo que me hace a mi feliz y espero que ayude a todos a sentir lo mismo.

Feliz semana para tod@s.

No comments:

Post a Comment