Tuesday, September 27, 2011

No tenemos porque estar solos; un ejemplo admirable.



La decisión de combinar el coaching con el área de la salud tuvo un inicio claro. 

Estuve presente cuando a mi gran amigo Gustavo le explicaron la operación que le tenían que hacer porque tenía cáncer abdominal. Una vez el doctor se marchó, empezó una nueva vida para Gustavo y para su familia y novia en aquel momento, ahora esposa.

Se empezaban a cuestionar qué pasaría y qué rumbo se debería tomar. Era como una lluvia de ideas entre los hermanos, su madre y su novia. Era un manejo de emocionalidad severo y además un reto para cada uno para no perder su compostura. Eran momentos difíciles.

Afortunadamente, la familia (incluyendo a su esposa), supieron hacer las cosas con naturalidad y mucha fe. Pero me pregunte cómo seria de diferente, sin saber si podría ser malo o bueno, si existiera un acompañante al lado de ellos para ir en paralelo y no en serie, ayudando a manejar los cambios forzados que se avecinaban.


No era tomar las riendas de la familia, sino estar ahí por cada miembro de la misma, y por medio de las técnicas de coaching, sacar las herramientas de cada integrante del equipo recién formado, para que cada uno sirviera de apoyo y tuviera aun más optimismo para avanzar, eso si, con una buena dosis de realismo. 

Apenas estaba empezando yo en el coaching y no lo tenía muy claro. Ahora, lo veo como una opción para los pacientes y sus familias.

Quiero enfocar mi Coaching en Salud primordialmente en personas a quien la vida les cambia  por un diagnostico. Estar ahí para la persona y para su familia. Quiero ser una opción real para optimizar el recorrido que inicia a partir de este cambio brusco e inesperado que nos puede pasar a cualquiera.

El coaching en salud además tiene otras múltiples aplicaciones que en una futura entrada ya explicare.

Hoy, con la autorización de mi colega, Alejandra Aristizabal, puedo publicar la respuesta a una pregunta muy poderosa que le hice, inclusive rayando con el irrespeto y quizás de forma muy atrevida. Pero supe, que la pregunta traería lo mejor de Aleja, y lo mejor de Aleja seria expresado para que muchas personas lo lean y sepan quién es ella y que está haciendo después de ser diagnosticada con un tumor cerebral maligno. 

No tengo palabras para expresar mi admiración, ya que todo el recorrido que ha llevado, lo ha hecho prácticamente sola junto con su familia y esposo,  y unos cuantos amig@s. En pocas palabras es un ejemplo para todos.

Así que como en una entrada pasada le pregunte a Virginia después de sobrevivir un accidente de transito severo, qué se siente estar viva hoy, pues a Aleja le pregunté:

Por qué has escogido seguir viviendo y no te has dado por vencida si es la opción más fácil?

Y esta es su respuesta. Increíble. Gracias Aleja, eres ejemplo para muchos.

Nunca antes, me había hecho esta pregunta. Por difícil que parezca SIEMPRE pensé en seguir adelante, es lo que mi Corazón me dice que tengo que hacer. Y no significa que no he tenido momentos de cuestionamientos, de tristeza, de incertidumbre pero siempre trato con energía positiva y cero pensamientos negativos tratar de salir de las dificultades que nos pone la vida.

Lo más difícil para mí, es ser médica y paciente al mismo tiempo, las estadísticas no son muy buenas para lo que tengo. Fue en Septiembre del 2009, que yo misma note que no podía mover bien un pie y sabia que algo no estaba bien, en esa época estaba viviendo en Estados Unidos y estudiando mi especialización en Salud Publica y Epidemiologia. Esa noche no dormí pensando todas las causas que podrían resultar en  tener “pie caído”, inclusive cáncer cerebral. Al otro día pedí cita con el Neurólogo, y a los pocos días me atendieron. Pude ver la cara de preocupación del neurólogo al hacerme el examen físico y me lo repetía una y otra vez.  Me dijo que era un caso difícil y me tenía que hacer una cantidad de exámenes.

Al poco tiempo me realizaron la resonancia magnética cerebral, y me dejaron dentro del resonador (aparato) como 1 hora y media, y repetían y repetían, en ese momento supe que algo andaba mal y me comencé a estresar porque yo sabía de antemano las posibles causas que podrían darme los síntomas.

Me dijeron que esperara a que el radiólogo llegara, y me dieron un CD con mis exámenes, yo misma vi una masa gigante como de 7 x 7 cm en mi lado izquierdo de mi cerebro, pero entre la confusión y desesperación solo le dije a mí esposo: tengo cáncer y me desmorone. A los pocos minutos me llamo mi neurólogo, el que me había enviado la resonancia y me dijo que tenía que ir a urgencias a hospitalizarme porque tenía edema cerebral (el cerebro hinchado), y a los pocos minutos ya estábamos ahí. Yo tenía la esperanza que fuera benigno, porque nunca sentí nada; solo dolores de cabeza esporádicos. Caminaba bien, si no me hubiera notado el pie caído, no hubiera ido a el neurólogo.

Y de ahí en adelante me desconecté del mundo, no sabía qué fecha era, me empezó gastritis y reflujo que ni con los medicamentos más fuertes se me paso, permanecí con dolor constante en el estomago y nunca me imagine todo lo que se me venía encima. Llego el neurocirujano y el neurólogo y me dijeron que el cáncer que tenía era maligno, y me dio una crisis de ansiedad. No lo podíamos creer, era como si estuviera soñando y al otro día me levantaría de la cama y nada de esto estaría pasando.

Me hicieron una biopsia cerebral a los pocos días, y me pusieron muchos medicamentos, yo pasé de no tomar nada, a tomar demasiados medicamentos de un día para otro. Desde que me hospitalizaron mi vida cambio. La situación empeoró porque los medicamentos que me enviaron son muy costosos y el seguro medico no me los cubría. Nos tocó empezar a pensar en nuestra estabilidad financiera además de saber que tenía cáncer cerebral. La cirugía que necesitaba era muy costosa y tenía que ser en un hospital que tuviera la tecnología y neurocirujanos especializados en este tipo de enfermedades, y no es un procedimiento económico. Y las complicaciones no terminarían acá.

Consulte 4 neurocirujanos, las versiones de 3 eran la misma y concluían que tenía que operarme de inmediato. El otro neurocirujano dijo  lo contrario: que tenía que empezar quimioterapia y radioterapia en ese momento. Fue cuando acudí a la ultima neurocirujana, en esa vez me senté con ella y me explicó las imágenes de la resonancia, tenía la línea media cerebral desviada y compresión de ventrículos (reservorios de liquido cefalorraquídeo). Hablando en términos generales,  me estaba empeorando cada día más.

Ella me remitió a un centro de tumores cerebrales que no queda en la ciudad donde vivo, queda a 2 horas en avión y es la parte más cercana a mí donde se puede encontrar  toda la tecnología y especialistas para realizar la cirugía de resección del cáncer. Allá fuimos en noviembre del 2009, pero las complicaciones continuaron.

Toda mi familia cercana viajo allá, mi papá, mi mamá (que viven en Colombia), mi esposo siempre ha estado conmigo, (innumerable noches de espera en el hospital), mi hermana y mi cuñado. Siempre salí de todas las cirugías para la unidad de cuidados intensivos porque las cirugías eran delicadas y riesgosas, y yo como médica era consciente de eso. Continuaba perdida algunos  días y ya lo comenzaba a aceptar, pero es increíble la cantidad de cáncer que hay ahora en jóvenes y adultos jóvenes, supuestamente era en ancianos o adultos mayores, pero eso ya cambio, TODOS ESTAMOS EN RIESGO.

Me operaron estando despierta, para tratar de conservar la cantidad de cerebro posible, porque estaba localizado en el área que controla el lenguaje y mis movimientos del lado derecho. De ahí salí directo a la unidad de cuidados intensivos y por los medicamentos para el dolor y la manipulación del cerebro de mi área del lenguaje, me era imposible comunicarme, mi medio de comunicación solo era una sonrisa.

Nos fuimos para un hotel después de la cirugía porque tenía que estar en control permanente por varios días y me tenían que hacer curaciones de la herida de la cabeza. Me cortaron todo el pelo para disminuir el riesgo de infección. El último control lo tuve el día antes de viajar. Me acuerdo que me había empezado a salir como una protuberancia en el sitio de la cirugía y le preguntamos a el neurocirujano que me opero si era normal, y si podíamos viajar o no. El nos dijo que estaba bien que viajáramos. Entonces todos nos fuimos, yo ya quería estar en mi casa, con mi esposo.

Desde que nos montamos al avión de regreso a casa me empezó a salir una secreción sanguinolenta de esa protuberancia que le había mostrado al neurocirujano el día anterior a nuestro viaje, y no paraba. Llegué a mi casa y otra vez a urgencias, llamaron a donde me operaron y me pusieron un punto sin anestesia y tomaron muestras de esa secreción. A los pocos días se me abrió el punto de nuevo y empezó a salir más secreción y de nuevo para el hospital donde me operaron. De nuevo mi esposo y yo tomamos un avión que dura 2 horas el vuelo y llegamos directo al piso del hospital a hospitalizarme. Ese mismo día me operaron de urgencias. No hubo tiempo ni de llamar a mis papas que estaban en Colombia, ni a mi hermana. Estuvimos solos mi esposo y yo.

Cuando me desperté de esa cirugía tenia muchísimo dolor, tenia 2 tubos (drenes) que me dejaron para regar antibiótico directo al sitio de la cirugía y otro en diferente lugar del cual salía una secreción sanguinolenta. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos allí, el diagnostico fue una infección adquirida en el hospital (infección nosocomial) y al mes me citaron a control. Cuando regresé a control, las convulsiones no se controlaban, no podía mover mi parte derecha del cuerpo ni pensar bien,  mucho menos usar la computadora.  Me toco aprender a comer y lavarme los dientes todo con la mano izquierda.

Además no me podía quedar sola, no podía caminar y estuve en silla de ruedas esa navidad, pero mi esposo y familia hicieron todo lo posible para que yo me sintiera bien y no cayera en depresión porque es muy fácil caer en ella pero difícil salir de ahí.
Me fui mejorando muy lentamente, perdí aun mas pelo, empecé fisioterapia, y cambiaron mis medicamentos anticonvulsivos.

Tenía control a los 4 meses, y se me empezaron a salir los tornillos y placas que me pusieron en las cirugías. Regresé a control, y ahí mismo me volvieron a operar, y se dieron cuenta que la infección continuaba, ya se estaba muriendo el hueso de mi cráneo. Me cambiaron el antibiótico y todo empezó a mejorar lentamente pero un poquito cada día más.

Ya van 4 cirugías, y estoy cada día que pasa, un poco mejor. Los cambios físicos, efectos adversos de medicamentos, todo valió la pena porque mientras haya vida hay esperanza y nunca podemos darnos por vencidos ante nuestros sueños. Seguiré luchando cada día, mientras tenga vida, y gracias a Dios y a mi familia que me dieron las fuerzas para seguir adelante.”

Acá está el link de la Fundación de Aleja, por favor no dejen de ver esta asombrosa labor.

Sunday, September 18, 2011

Debatiendo el arquetipo: Medicina y Coaching



Nunca me imaginé que terminaría siendo médico. Durante mi vida escolar, estuve en organizaciones como los Boy Scouts, asistía a Campos de Verano y no les miento, andaba con botiquín de primeros auxilios en la maleta. Así era mi vocación de ayuda al necesitado. Me acuerdo que regalar una simple cura para una ampolla, o saber manejar situaciones de mayor gravedad, me producían un placer enorme. No era la sangre, el morbo del sufrimiento ajeno o el protagonismo que podría generar lo que me cautivaba, era simplemente que me gustaba aliviar o al menos tratar de ayudar a la gente en lo que pudiera. En esos momentos, era ayuda física solamente.

Paso el tiempo y llego el momento de escoger una profesión en mi vida. Siempre quise actuar o estar en teatro pero en esos momentos, no fui capaz de expresar mis deseos y a la vez oculte el deseo de estar en una tarima o en frente de las cámaras. No les miento, hoy en día me encanta pero desde la óptica realista de mi vida actual.

Así que siguiendo el ejemplo de mis hermanos que estudiaron y se graduaron en universidades en Estados Unidos, yo apliqué y fui aceptado a la Universidad de Georgia. Todo iniciaría muy pronto, pero en el sorteo del Ejército de mi país, salí, y ahora lo digo con certeza, favorecido para prestar el servicio militar obligatorio. La experiencia, aunque preocupante en el momento, resulto ser una de las experiencias más gratificantes de mi vida haber podido ser soldado de Colombia en un ambiente internacional como lo es la Península del Sinaí, es motivo de risa y agradables remembranzas hoy en día.  Durante este periodo milico en la Península, aunque existía un puesto dentro del dispensario (o centro de salud) de la base, mi interés aun no era ser parte de él. Yo fui el fotógrafo y fui muy feliz mientras duro mi puesto.

A mi regreso a Colombia, y de nuevo incorporado a la vida civil, la Universidad de Georgia me esperaba para estudiar Bioquímica y Genética. Definitivamente, después de la actuación, la materia que más me gustaba en el colegio era Biología. Así que decidí hacerlo un poco más interesante y me metí a esta profesión la cual cambie muy pronto ya que las plantas y su hábitat francamente no me interesaban. Quería algo más relacionado al ser humano. Entonces ante la negativa de estudiar Nutrición y Dietética, convertí mis materias en las requeridas para hacer pre medico. Después de un tiempo donde me di  cuenta que estudiar medicina en Estados Unidos era demasiado costoso, y “gracias” a las palabras de mi Consejera que me dijo que los extranjeros la teníamos muy difícil, decidí volver a Colombia a estudiar Medicina. Llegue al pre medico de mi Universidad, con un afro tipo Mafalda o Jackson 5 y barba.  Fue cuestión de días para que tuviera dos aretes en mi oreja izquierda. Me vestía de negro y me consideraba un rebelde. Yo era el estudiante de medicina que desafiaba a la sagrada profesión. Gastaba agua en medio del racionamiento mojando a los primíparos y me volaba de clase con mis amigos para tirarme en el pasto a hablar de futbol o de vez en cuando, jugarnos un partidito clandestino.

Poco a poco fue sucediendo que las materias se volvían más difíciles y mi forma rebelde me cobraba cada vez más caro. Creo que fui el primer estudiante que reprobó Conducta Humana y se atraso un semestre a causa de esto. Hoy lo veo como favorable,  pero en el momento fue causal de mucha angustia. Estudie mucho esta materia introductoria a la Psiquiatría (y la escribiré siempre con P a manera de rebeldía lingüística) ya que habilité, reprobé y repetí.

Pasó mi vida como estudiante de  Medicina con muchos cuentos que contar que por obvias razones no caben en estas líneas. Viví mi Internado (el año previo al grado como medico)  de manera espectacular y mi año Rural (año obligatorio como medico ya graduado) fue netamente enriquecedor, aunque desaproveche una oportunidad de hacerlo en San Andrés y Providencia, islas paradisiacas de mi amado país.

A la hora de decidir en que me quería especializar tuve que hacer muchos análisis de que me gustaba. Las dos profesiones finalistas fueron Psiquiatría y Ortopedia. La decisión final fue Ortopedia ya que en ese momento en mi vida, no me sentía capaz de ayudar emocionalmente a los pacientes basado en que yo mismo no estaba bien en ese departamento. Seguro incorporaría toda la patología mental, y eso hubiese sido peor para mí. Hablo en retrospectiva. Así que decidí estudiar Ortopedia en Colombia ya que había intentado hacerlo de nuevo en Estados Unidos y había desistido a mitad de camino.

Hoy en día estoy feliz con mis decisiones y ahora que he incorporado el Coaching dentro de mi vida, y a medida que escribo estas líneas, lo voy incorporando al ámbito de la Salud, veo dentro de mi psiquiatra reprimido, la necesidad de hacerme varias preguntas gracias a los libros que he leído.

La primera es porqué las personas deciden estudiar una profesión que ayuda a otras personas? Qué lleva al psicólogo o psicoterapeuta  a ayudar a otros en una situación de dificultad emocional? Qué conlleva al psiquiatra a ayudar al enfermo mental? Por qué el trabajador social decide ayudar a las personas con dificultad de incorporación social? Qué lleva al cirujano u ortopedista a sacrificar su vida personal en espacio y tiempo, para estar en un servicio de urgencias dispuesto a ayudar a los enfermos que lleguen durante ese turno? Y finalmente, qué hace que personas comunes y corrientes, decidan ayudar a los enfermos, a los que sufren, a los tristes o a los marginados sociales?

Adolf Guggenbühl-Craig fue un analista de la corriente de Carl Gustav Jung. Ambos en el área del entendimiento de la psiquis humana y ambos Suizos. Tanto Jung como Guggenbühl creían que vivimos en medio de polaridades. Que siempre estamos entre dos polos. Vivimos la vida en la mitad de dos opuestos. 

“Existe amor y odio en cada relación, un deseo de ayudar al otro pero a su vez, el mismo deseo de destruirlo” es una frase en el libro de Guggenbühl : El Poder en las Profesiones que Ayudan (1971).

Solo con el titulo nos damos cuenta de la polaridad en que el arquetipo (y ya trataré de explicar este término) Médico-Paciente se encuentra. Vive la polaridad entre ayudar y tener el poder. Bueno, creo yo que la mayoría de personas, ya sea de manera consciente o inconsciente, buscan de una forma o de otra, en cualquier círculo de sus vidas, estar en una posición de poder. Pero lo que choca, es que un médico, quien ha jurado hipocráticamente, haya sido visto en el transcurso de las épocas no como el que ayuda sino como el que tiene el poder. El sí y solo si.

Todos nos impresionamos cuando un político despliega su poder ante las masas, cuando un líder sindicalista paraliza la industria con unas pocas palabras, cuando un ingeniero cambia la vida de miles con algún artefacto, cuando un científico logra obtener resultados que cambian el curso de la humanidad, cuando un militar toma las decisiones estratégicas para salvar a miles poniendo en riesgo la vida de sus soldados.  Pero un medico que abusa de su situación de PODER, es visto como un pequeño y ridículo tirano, de pecho inflado y con la moral en estado deplorable. Con este poder hace que sus pacientes esperen horas mientras el habla poéticamente con las enfermeras, no informa a sus pacientes todo lo que se deberían saber, no mira a los ojos cuando habla de sus decisiones y ejerce su sombra de charlatán y falso profeta cuando se le cuestionan sus acciones.

Mi teoría es que el médico ha perdido ese poder que se le imponía automáticamente con su bata blanca, y por eso ahora la medicina, y el arte de ser médico, ha caído a un formalismo. Esta ambigüedad entre tener el poder insulso y vivir con la constante amenaza de perderlo, es lo que conlleva a la acción médica a bajar en categoría y en calidad. (La motivación monetaria es otro tema de largo debate)

Un arquetipo, como lo mencione anteriormente, se podría definir como un potencial innato del comportamiento. Los seres humanos reaccionamos arquetípicamente hacia algo o alguien cuando nos enfrentamos con una situación típica, constante y recurrente.  Una madre reacciona arquetípicamente con su hijo o hija, un hombre hacia una mujer etc.  Ciertos arquetipos cuentan con una polaridad. Y el arquetipo médico-paciente no es la excepción. Ningún médico puede solo contra la enfermedad. Necesita del paciente. Y viceversa, el paciente necesita del médico. Un doctor puede suturar (o coger puntos en una herida)  adecuadamente a un paciente, pero existe un metabolismo en el cuerpo del paciente, tanto mental como físico, que se incorpora dentro del proceso curativo. El médico se convierte entonces en un “sanador herido” en el sentido que ya sea consciente o inconscientemente, el médico se afecta con la patología del paciente. La gran mayoría de nosotros somos capaces de reprimir el sufrimiento ajeno siendo médicos y por eso podemos vivir nuestra vida agradablemente, en un sentido de manera “normal”. Esto me lleva a sustentar mis frases al principio de esta entrada sobre el porqué no estudie psiquiatría. El sufrimiento emocional superficializado dentro de la patología afectiva y mental del paciente, era demasiado fuerte para poder reprimirlo. O tal vez, yo era el débil.

En Babilonia, había una Diosa canina con dos nombres: como Gula era la muerte, y como Labartu era sanación. En India, Kali es la Diosa de la viruela y a su vez la sanadora. La imagen mitológica del sanador herido es enorme, y esto psicológicamente quiere decir que no solo el paciente tiene algo de sanador en él, sino que el médico tiene por dentro también mucho de paciente. Y siempre lo digo, el trato de un médico hacia sus pacientes cambia radicalmente o llega a un punto de inflexión, cuando él mismo ha sido paciente por alguna patología. De nuevo, otra polaridad, el médico que se encuentra enfermo. Otra realidad que desbarata el “poder” ya mencionado y humaniza al medio Dios (M.D.) en que se ha convertido una gran parte del gremio médico.

Pero no se puede cambiar si no se quiere hacerlo. No es fácil entregar toda una vida de lucha para llegar a una posición en que se ejerce el poder. Yo creo que los estudiantes de medicina hoy en día, al ver que el médico del que aprenden, hace las cosas diferentes a como se hacían antes, pueden llegar a incorporar mas raíces y crecer de una manera más acorde a la dirección que debe tomar nuestra profesión. El Coaching en salud puede hacer esto.

Nadie nos obligó a ser médicos, y ya no somos vistos como los magos o los hechiceros que hablábamos con los Dioses. Somos mortales y también vivimos dentro de nuestros propios arquetipos, y a su vez, entre los polos de ayuda y poder. Unos polos que no se deben reprimir, sino que a su vez se deben hacer aun más conscientes y en simultánea. Esto debería llevar a nuestra profesión a un cambio positivo que cambiará la percepción del médico como médico y nos hará aun más poderosos dentro de nuestro propio modus operandi. El poder de la satisfacción interna de saber que hacemos las cosas bien, y que estamos en constante mejora por nuestra satisfacción y el bienestar del paciente.

No escogemos ser médicos por el prestigio social (bueno, no puedo generalizar) y tampoco lo hacemos por el altruismo de pastor zarrapastroso que va de pueblo en pueblo curando al enfermo con raíces y hierbas.

Cada uno se podrá preguntar porque escogió una profesión en que cree ayudar cuando en el fondo, lo que verdaderamente quiere, es una posición poderosa.

De nuevo, no puedo generalizar.