Sunday, September 18, 2011

Debatiendo el arquetipo: Medicina y Coaching



Nunca me imaginé que terminaría siendo médico. Durante mi vida escolar, estuve en organizaciones como los Boy Scouts, asistía a Campos de Verano y no les miento, andaba con botiquín de primeros auxilios en la maleta. Así era mi vocación de ayuda al necesitado. Me acuerdo que regalar una simple cura para una ampolla, o saber manejar situaciones de mayor gravedad, me producían un placer enorme. No era la sangre, el morbo del sufrimiento ajeno o el protagonismo que podría generar lo que me cautivaba, era simplemente que me gustaba aliviar o al menos tratar de ayudar a la gente en lo que pudiera. En esos momentos, era ayuda física solamente.

Paso el tiempo y llego el momento de escoger una profesión en mi vida. Siempre quise actuar o estar en teatro pero en esos momentos, no fui capaz de expresar mis deseos y a la vez oculte el deseo de estar en una tarima o en frente de las cámaras. No les miento, hoy en día me encanta pero desde la óptica realista de mi vida actual.

Así que siguiendo el ejemplo de mis hermanos que estudiaron y se graduaron en universidades en Estados Unidos, yo apliqué y fui aceptado a la Universidad de Georgia. Todo iniciaría muy pronto, pero en el sorteo del Ejército de mi país, salí, y ahora lo digo con certeza, favorecido para prestar el servicio militar obligatorio. La experiencia, aunque preocupante en el momento, resulto ser una de las experiencias más gratificantes de mi vida haber podido ser soldado de Colombia en un ambiente internacional como lo es la Península del Sinaí, es motivo de risa y agradables remembranzas hoy en día.  Durante este periodo milico en la Península, aunque existía un puesto dentro del dispensario (o centro de salud) de la base, mi interés aun no era ser parte de él. Yo fui el fotógrafo y fui muy feliz mientras duro mi puesto.

A mi regreso a Colombia, y de nuevo incorporado a la vida civil, la Universidad de Georgia me esperaba para estudiar Bioquímica y Genética. Definitivamente, después de la actuación, la materia que más me gustaba en el colegio era Biología. Así que decidí hacerlo un poco más interesante y me metí a esta profesión la cual cambie muy pronto ya que las plantas y su hábitat francamente no me interesaban. Quería algo más relacionado al ser humano. Entonces ante la negativa de estudiar Nutrición y Dietética, convertí mis materias en las requeridas para hacer pre medico. Después de un tiempo donde me di  cuenta que estudiar medicina en Estados Unidos era demasiado costoso, y “gracias” a las palabras de mi Consejera que me dijo que los extranjeros la teníamos muy difícil, decidí volver a Colombia a estudiar Medicina. Llegue al pre medico de mi Universidad, con un afro tipo Mafalda o Jackson 5 y barba.  Fue cuestión de días para que tuviera dos aretes en mi oreja izquierda. Me vestía de negro y me consideraba un rebelde. Yo era el estudiante de medicina que desafiaba a la sagrada profesión. Gastaba agua en medio del racionamiento mojando a los primíparos y me volaba de clase con mis amigos para tirarme en el pasto a hablar de futbol o de vez en cuando, jugarnos un partidito clandestino.

Poco a poco fue sucediendo que las materias se volvían más difíciles y mi forma rebelde me cobraba cada vez más caro. Creo que fui el primer estudiante que reprobó Conducta Humana y se atraso un semestre a causa de esto. Hoy lo veo como favorable,  pero en el momento fue causal de mucha angustia. Estudie mucho esta materia introductoria a la Psiquiatría (y la escribiré siempre con P a manera de rebeldía lingüística) ya que habilité, reprobé y repetí.

Pasó mi vida como estudiante de  Medicina con muchos cuentos que contar que por obvias razones no caben en estas líneas. Viví mi Internado (el año previo al grado como medico)  de manera espectacular y mi año Rural (año obligatorio como medico ya graduado) fue netamente enriquecedor, aunque desaproveche una oportunidad de hacerlo en San Andrés y Providencia, islas paradisiacas de mi amado país.

A la hora de decidir en que me quería especializar tuve que hacer muchos análisis de que me gustaba. Las dos profesiones finalistas fueron Psiquiatría y Ortopedia. La decisión final fue Ortopedia ya que en ese momento en mi vida, no me sentía capaz de ayudar emocionalmente a los pacientes basado en que yo mismo no estaba bien en ese departamento. Seguro incorporaría toda la patología mental, y eso hubiese sido peor para mí. Hablo en retrospectiva. Así que decidí estudiar Ortopedia en Colombia ya que había intentado hacerlo de nuevo en Estados Unidos y había desistido a mitad de camino.

Hoy en día estoy feliz con mis decisiones y ahora que he incorporado el Coaching dentro de mi vida, y a medida que escribo estas líneas, lo voy incorporando al ámbito de la Salud, veo dentro de mi psiquiatra reprimido, la necesidad de hacerme varias preguntas gracias a los libros que he leído.

La primera es porqué las personas deciden estudiar una profesión que ayuda a otras personas? Qué lleva al psicólogo o psicoterapeuta  a ayudar a otros en una situación de dificultad emocional? Qué conlleva al psiquiatra a ayudar al enfermo mental? Por qué el trabajador social decide ayudar a las personas con dificultad de incorporación social? Qué lleva al cirujano u ortopedista a sacrificar su vida personal en espacio y tiempo, para estar en un servicio de urgencias dispuesto a ayudar a los enfermos que lleguen durante ese turno? Y finalmente, qué hace que personas comunes y corrientes, decidan ayudar a los enfermos, a los que sufren, a los tristes o a los marginados sociales?

Adolf Guggenbühl-Craig fue un analista de la corriente de Carl Gustav Jung. Ambos en el área del entendimiento de la psiquis humana y ambos Suizos. Tanto Jung como Guggenbühl creían que vivimos en medio de polaridades. Que siempre estamos entre dos polos. Vivimos la vida en la mitad de dos opuestos. 

“Existe amor y odio en cada relación, un deseo de ayudar al otro pero a su vez, el mismo deseo de destruirlo” es una frase en el libro de Guggenbühl : El Poder en las Profesiones que Ayudan (1971).

Solo con el titulo nos damos cuenta de la polaridad en que el arquetipo (y ya trataré de explicar este término) Médico-Paciente se encuentra. Vive la polaridad entre ayudar y tener el poder. Bueno, creo yo que la mayoría de personas, ya sea de manera consciente o inconsciente, buscan de una forma o de otra, en cualquier círculo de sus vidas, estar en una posición de poder. Pero lo que choca, es que un médico, quien ha jurado hipocráticamente, haya sido visto en el transcurso de las épocas no como el que ayuda sino como el que tiene el poder. El sí y solo si.

Todos nos impresionamos cuando un político despliega su poder ante las masas, cuando un líder sindicalista paraliza la industria con unas pocas palabras, cuando un ingeniero cambia la vida de miles con algún artefacto, cuando un científico logra obtener resultados que cambian el curso de la humanidad, cuando un militar toma las decisiones estratégicas para salvar a miles poniendo en riesgo la vida de sus soldados.  Pero un medico que abusa de su situación de PODER, es visto como un pequeño y ridículo tirano, de pecho inflado y con la moral en estado deplorable. Con este poder hace que sus pacientes esperen horas mientras el habla poéticamente con las enfermeras, no informa a sus pacientes todo lo que se deberían saber, no mira a los ojos cuando habla de sus decisiones y ejerce su sombra de charlatán y falso profeta cuando se le cuestionan sus acciones.

Mi teoría es que el médico ha perdido ese poder que se le imponía automáticamente con su bata blanca, y por eso ahora la medicina, y el arte de ser médico, ha caído a un formalismo. Esta ambigüedad entre tener el poder insulso y vivir con la constante amenaza de perderlo, es lo que conlleva a la acción médica a bajar en categoría y en calidad. (La motivación monetaria es otro tema de largo debate)

Un arquetipo, como lo mencione anteriormente, se podría definir como un potencial innato del comportamiento. Los seres humanos reaccionamos arquetípicamente hacia algo o alguien cuando nos enfrentamos con una situación típica, constante y recurrente.  Una madre reacciona arquetípicamente con su hijo o hija, un hombre hacia una mujer etc.  Ciertos arquetipos cuentan con una polaridad. Y el arquetipo médico-paciente no es la excepción. Ningún médico puede solo contra la enfermedad. Necesita del paciente. Y viceversa, el paciente necesita del médico. Un doctor puede suturar (o coger puntos en una herida)  adecuadamente a un paciente, pero existe un metabolismo en el cuerpo del paciente, tanto mental como físico, que se incorpora dentro del proceso curativo. El médico se convierte entonces en un “sanador herido” en el sentido que ya sea consciente o inconscientemente, el médico se afecta con la patología del paciente. La gran mayoría de nosotros somos capaces de reprimir el sufrimiento ajeno siendo médicos y por eso podemos vivir nuestra vida agradablemente, en un sentido de manera “normal”. Esto me lleva a sustentar mis frases al principio de esta entrada sobre el porqué no estudie psiquiatría. El sufrimiento emocional superficializado dentro de la patología afectiva y mental del paciente, era demasiado fuerte para poder reprimirlo. O tal vez, yo era el débil.

En Babilonia, había una Diosa canina con dos nombres: como Gula era la muerte, y como Labartu era sanación. En India, Kali es la Diosa de la viruela y a su vez la sanadora. La imagen mitológica del sanador herido es enorme, y esto psicológicamente quiere decir que no solo el paciente tiene algo de sanador en él, sino que el médico tiene por dentro también mucho de paciente. Y siempre lo digo, el trato de un médico hacia sus pacientes cambia radicalmente o llega a un punto de inflexión, cuando él mismo ha sido paciente por alguna patología. De nuevo, otra polaridad, el médico que se encuentra enfermo. Otra realidad que desbarata el “poder” ya mencionado y humaniza al medio Dios (M.D.) en que se ha convertido una gran parte del gremio médico.

Pero no se puede cambiar si no se quiere hacerlo. No es fácil entregar toda una vida de lucha para llegar a una posición en que se ejerce el poder. Yo creo que los estudiantes de medicina hoy en día, al ver que el médico del que aprenden, hace las cosas diferentes a como se hacían antes, pueden llegar a incorporar mas raíces y crecer de una manera más acorde a la dirección que debe tomar nuestra profesión. El Coaching en salud puede hacer esto.

Nadie nos obligó a ser médicos, y ya no somos vistos como los magos o los hechiceros que hablábamos con los Dioses. Somos mortales y también vivimos dentro de nuestros propios arquetipos, y a su vez, entre los polos de ayuda y poder. Unos polos que no se deben reprimir, sino que a su vez se deben hacer aun más conscientes y en simultánea. Esto debería llevar a nuestra profesión a un cambio positivo que cambiará la percepción del médico como médico y nos hará aun más poderosos dentro de nuestro propio modus operandi. El poder de la satisfacción interna de saber que hacemos las cosas bien, y que estamos en constante mejora por nuestra satisfacción y el bienestar del paciente.

No escogemos ser médicos por el prestigio social (bueno, no puedo generalizar) y tampoco lo hacemos por el altruismo de pastor zarrapastroso que va de pueblo en pueblo curando al enfermo con raíces y hierbas.

Cada uno se podrá preguntar porque escogió una profesión en que cree ayudar cuando en el fondo, lo que verdaderamente quiere, es una posición poderosa.

De nuevo, no puedo generalizar.

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