Sunday, June 19, 2011

La Transformación Inevitable


Cuando nacemos, somos una anemona que atrapa experiencias y poco a poco va recubriendo sus capas con aprendizaje y situaciones que en un futuro nos harán las personas que seremos. En muchas ocasiones aprendemos en el camino, aprendemos por error, o por simple coincidencia. Pero la gran mayoría de veces, alguien nos enseña. Alguien nos guía. Alguien nos lleva de la mano.

Es difícil tomar una decisión o llevar a cabo una acción sin mirar a nuestra figura de autoridad para recibir la cara de “adelante” o “cuidadito”. Darnos cuenta cuando decidimos hacer las cosas por nuestra cuenta sin un regulador al lado, es imposible. Todavía hay decisiones en que busco a esa figura, todavía hay decisiones que quiero sumergir en consejo antes de llevarlas a cabo.

No entendemos que es educar hasta que nos toca educar a nosotros, y todo empieza si hemos recibido una educación que queramos transmitir. Vamos creciendo y en los primeros años hacemos lo que nos dicen porque no hay otra opción. Aunque lloremos y hagamos pataleta, la decisión está tomada. Difícil de nuevo, entender que esto se hace “por nuestro propio bien” y que así, nos están educando. Al menos en ese momento eso no nos importa.

Llegamos al colegio y empezamos a compartir experiencias con amigos y amigas y poco a poco lo que hemos aprendido en casa se va materializando. Las millones de veces que me corrigieron en la mesa mientras comíamos, las mil veces que me inculcaron los modales, la caballerosidad frente a las mujeres, la gentileza frente a los mayores y el respeto a los adultos, dan su fruto con creces. Aunque a quien le miento, no fui un santo en el colegio. Una hiperactividad en las épocas en que el término aun no se terminaba de entender. Pero seguro que si internet existiera en esa época y alguien pusiera en Google “hiperactividad”, saldría mi foto de primera.

Siguiendo en esta época, el colegio estaba lleno de una ambigüedad de matices y una dualidad entre ser rebelde frente a mis padres, pero por el otro lado decir en medio de una jugada en el recreo “pues mi papa es más grande que el tuyo”. Qué risa esto, “le voy a contar a mi papa”. Actitud de niño consentido? Puede ser, pero que afortunado soy de haber sido consentido y que me consientan todavía. Analicen, con – sentido.

Afortunadamente, “le sigo contando a mi papa”. Y espero seguir haciéndolo por mucho tiempo más.

Hasta que llega la adolescencia y la rebeldía te recubre como si fuera un vestido de neopreno esperándote y empieces a vivir la vida desafiando las normas, o desafiando las palabras que te dicen. Oímos más de una vez que “era por nuestro bien” pero de nuevo, en ese momento, no lo entendemos.

Y seguimos viviendo, día a día, haciendo cosas bien y otras no tan bien. Nos han agarrado haciendo cosas adecuadamente y esto es motivo de orgullo personal ya que te felicitan. Tanto tu autoestima como el hecho de saber que has hecho a tus padres orgullosos de ti, son motivos de alegría consciente e inconsciente. Todo fluye más fácil.

Pero también nos han agarrado haciendo cosas prohibidas o indebidas y con una que te agarren, ya no quedan ganas de hacer mas. Aunque algunos en vez de dejar lo indebido, buscan la manera de hacer las cosas sin ser agarrados. Perfeccionan la técnica de lo indebido. Pero a quien le mentimos, tus padres sabían lo que estabas haciendo, pero no te decían. Esa risa maquiavélica de malandrín que ponías no era en vano, pero cae en cuenta que tus malabares ya eran conocidos. El dueño del circo conoce muy bien la rutina de sus payasos.

Sigue la vida como adolescentes, dando lo mejor de nuestro aprendizaje a las personas que nos rodean. Materializando a nuestros padres en cada acción. En mi caso, materializaba a mis padres y a mis hermanos y poco a poco le daba mi propio toque de originalidad. Somos únicos, pero compartimos genes y eso no se puede disimular.

Pasan los años, aprendemos de nuestro pasado y ya se vuelve motivo de risa cuando recordamos la vez que te mandaban al cuarto castigado por hacer algo que no deberías, o cuando te levantaban el dedo índice y el dedo medio en señal de paz que no era paz propiamente dicha, sino el numero 2. Esto transmitía que si llegaba a la tercera, se venía un castigo. Ahora me rio, pero ese “van dos” con los dedos de mi papa, era atemorizador. Pero era efectivo. Estoy seguro que por más que lo critique, lo seguiré haciendo el día que tenga a mis hijos, aunque ellos seguro me dirán alguna salvajada llena de inteligencia y me dejaran frio.

Poco a poco caigo en cuenta que adapto acciones y formas que solía ver en mi padre cuando crecí. Si alguna vez las critiqué y seguro lloré por alguna decisión en la que no estaba de acuerdo, hoy las abrazo con alegría sabiendo que día a día me convierto en una versión diferente a la de mi padre. Espero que sea una versión mejorada pero qué le puedes mejorar a algo que en sí, ha sido excelente y cada día se mejora aun mas?

Mi padre me enseñó a tomar fotos, a disfrazarme de árabe cada vez que pudiera, me inculcó la lectura, me sentaba en sus piernas cuando ya había acabado de comer, me enseñaba la fábula del huevito con los dedos de la mano, me dejaba ganar en tennis, jugaba fútbol conmigo mientras veía el noticiero 24 horas a las 7 pm todas las noches, me inculcó la curiosidad por los chécheres (cachivaches), me trató de enseñar a afeitarme con brocha, me enseñó la banda ancha del radio Sony que permanecía en el baño (ahora yo tengo uno), me cantaba “me voy a bañar, dame mi jabón”, me inculcó estudiar a tope, me metió en la percusión ya que en cada carro que manejaba, mientras el carro estaba quieto, sus dedos retumbaban en la consola del carro al son de una salsa o un de un ritmo agradable. Mi padre me enseñó a roncar, a dormir con la boca abierta, me enseño a tratar bien a las mujeres, a querer a mi esposa, a dar la vida por mis hijos, a trabajar fuertemente por la alegría de un hogar.

Mi padre me enseñó que al lado de una gran mujer, no hay imposibles. Mi padre me enseñó a amar con el corazón, a llorar y a dejar que tiemble el cachete (que de paso mi papa también me los heredó) con cualquier acción por mas cursi que sea.

Mi padre me enseñó a ser padre.

Y llegara el día, confiando en el Ser Supremo (llámese como se llame, en mi caso Dios) en que me toque a mi poner en práctica todo esto, y estaré esperando el momento en que diga “uy, esto me lo hacia mi papa a mi” y yo, en ese momento, estaré orgulloso sabiendo, que lo estoy haciendo bien.

Te dedico esta entrada a ti. La felicidad que siento hoy, es porque toda la vida la aprendí a sentir, estando al lado tuyo y de toda la familia que tú creaste.

Estoy orgulloso de ser tu hijo.

FELIZ DIA

3 comments:

  1. Excelente Juanchito, ese padre que le toco a uno, no es el mejor del mundo porque hay muchos... simplemente es UNICO, el unico que lo conoce como lo conoce y siempre te pone por delante a vos. Hay que con-sentirlos a ellos tambien. Ahora mi mamá esta en el cielo, pero desde antes que pasara esto, siempre he sido un con-sentidor de ellos, lo que me hace feliz, pero me toca duplicar eso ahora con mi papá que es el que físicamente esta conmigo! un abrazo desde Btá. Pipe Martinez

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  2. Mi estimado Pipe, la razon que muestras en tus palabras son ejemplo de alguien que sabe lo que dice. Tanto que nos han cuidado y protegido, tanto que nos han dado, tantos sacrificios que a lo mejor no sabemos o entendemos para estar hoy donde estamos. Cada uno en su mundo. Para nuestros padres, todo y mas. Entiendo tus palabras y llegaras a ser padre tambien pero creeme que ambos padres siempre estaran fisicamente con uno ya que el amor de ellos queda sembrado en nuestros corazones y eso jamas se pierde. Un abrazo y gracias por tus palabras.

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  3. Te sigo bastante en tu blog y creeme que me gusta mucho esta vaina de coaching... Cuando volvas me gustaria que nos vieramos pa' que me contes como es la vaina, y depronto podamos hacer algo interesante por aca!!!

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