Thursday, February 17, 2011

La delgada linea entre felicidad y tristeza


Llevo un par de semanas investigando y leyendo sobre la felicidad. La verdadera felicidad. He buscado artículos fisiopatológicos de la felicidad, alguna información que me demuestre con bases biológicas, si existe la felicidad en términos de transmisores, conexiones, sinapsis, receptores y liberación de sustancias. Pues la encontré, la leí, me la sé, la puedo explicar, pero no era del todo la idea de esta entrada. Entonces preferí dejar a un lado las bases biológicas de la felicidad y traté de investigar la teoría de pensamiento acerca de la felicidad. Nada fácil pero muy interesante. Dejé a un lado la base biológica y pasé a la sección de supuestos, a la sección del “tal vez” o el “quizás”. Al menos en mi forma de pensar. Lentamente fui creyendo más en este tipo de teoría conceptual al leer frase tras frase en un lenguaje un poco confuso, pero a su vez lleno de sabiduría. Opinión personal o sabiduría del autor, no pude dejar de afirmar con la cabeza cuando leía fragmentos que en algún momento ya había vivido.

Me metí a investigar si había algún pensamiento filosófico de trascendencia, y pude desbancar mis teorías de la filosofía y leer, mejor aún, entender de lo que habla Arthur Schopenhauer en su libro “El Arte de ser Feliz”. Si eso fuera poco, encontré un pequeño libro, altamente recomendado que se llama “La felicidad: todo lo que se debe saber al respecto y porque no es lo mas importante en la vida de otro autor alemán, Wilhelm Schmidt.

Si, es curioso, 2 autores alemanes, hablando sobre felicidad cuando en el idioma alemán solo una palabra abarca todo lo relacionado con ese sentido o esa sensación o ese sentimiento. Llámese bienestar, plenitud, felicidad, alegría, todo es cubierto en una sola palabra. Una forma curiosa de economizar en un idioma que es tan rico y diferenciado. Esto lo dice Schmidt, no yo, el idioma alemán no lo manejo. Pero bueno, ese tampoco es el hecho.

No todo el mundo quiere ser feliz de la misma manera. No todo el mundo tiene la misma suerte, factor diferenciador de la felicidad, dependiendo de cómo se acepte. Quien no intente buscar la felicidad, nunca sabrá si esta ha llegado. Alguien que no compre la lotería, jamás podrá ganársela.

Dos libros de peso y varios artículos después, estaba seguro que me podría sentar a escribir sobre la felicidad, como lograrla, como entenderla, como complementarla. Estaba seguro que podría escribir sobre la plenitud, la felicidad de la infelicidad, el bienestar material y mental, la emocionalidad de lo alegre, la simpleza de estar conectado y ser coherente en el fabuloso mundo de ser y estar feliz.

Pero no fué así.

Por más que leí de manera repetida que gran parte de estar feliz es saber que existe un balance entre situaciones positivas y negativas, es sumamente importante reconocer que cuando llegan esas situaciones desafortunadas, lo más importante es aceptarlas.

No hay nada de malo en aceptar que las cosas no salen como uno quiere. No existe nada malo en aceptar que uno esta triste. La tristeza es una emoción básica y es normal. Pelear contra la tristeza inicial catalogada como “normal” es ser un David ciego, manco y cojo frente a un Goliat con metralleta y misiles nucleares. Es bueno y necesario aceptar que uno esta triste. Ante los ojos de quien sea, la tristeza es diferente al pesar. No hay que buscar el pesar ajeno, solo toca aceptar que uno esta triste. Contestar si te preguntan y no enmascararlo, siempre buscando la forma, segundo tras segundo, de afrontar el hecho, y dar los pequeños pasos hacia adelante. Lo importante es reconocer la tristeza para poder dejarla atrás.

Cuánto se demora este trayecto, este recorrido? No lo sé.

Así como cada uno ve la felicidad de formas diferentes, seguro la tristeza también es aceptada en marcos de tiempo diferentes y con diferente emocionalidad. Pero mientras exista el golpe inicial, pelear contra la tristeza es una batalla perdida. Aceptarla facilita la vida en un porcentaje indescifrable. Aceptar que uno puede estar triste y no tener la carga de ser el superhéroe emocional, el ser humano de hielo y piedra que nada siente, es quizás lo mejor que uno puede hacer. No hay que llegar a la paranoia de estar a la espera de momentos difíciles y abrumar los momentos felices. Solamente saber y dejar en algún rincón de la cabeza, que en algún momento, llegaran situaciones difíciles. Ya desde que estamos pequeños nos enseñan que es mejor estar preparado. Y estoy de acuerdo. Es lo que yo llamo, la creación de un fortín subconsciente. Un arsenal listo para ser usado solo cuando es necesario. Sé que lo tengo pero no vivo pensando en el. Una forma de estar tranquilo. Elemento básico para estar feliz.

Vendrán momentos en que uno se siente solo, y a lo mejor siente que lo que ya se tiene no es suficiente. Son estos los momentos cuando más cabeza fría debemos tener. Si la avaricia por gritarle al mundo tus penas te abarca, si sientes que el mundo se derrumba, es necesario reorientar nuestras coordenadas. Suena paradójico pero así es. La madurez emocional surge de aceptar la tristeza para poder ser feliz. No es un obstáculo a la felicidad sino un complemento. Es la contraparte, es el polo opuesto, es lo que llena el conjunto, es el ying del yang es lo negro del blanco o viceversa.

Entonces poder estar tranquilo sabiendo que en algún momento los infortunios de cualquier tipo pueden llegar es un paso, y el otro es que cuando lleguen, uno pueda practicar lo que ha predicado. Vaya situación tan difícil cuando uno es el protagonista. Es fácil escribir y mirar la vida a travez de situaciones ajenas. Pero cuando uno es el actor y director, la película se vuelve más enigmática, más difícil de entender.

No hay que pelear contra la tristeza, toca aceptarla, creer en ella como una parte de la búsqueda de la felicidad. Aprender de ella en cada segundo. Es una técnica que veo yo como re-futurística. Un término que aprendí hace poco y me gusto mucho. De vanguardia, un nuevo estilo, una nueva forma de entender la vida. Para nada fácil.

Por eso cuando leí los libros y los artículos tratando de buscar la clave para ser y entender qué es estar feliz, aprendí que es más importante entender el complemento de la felicidad y no la felicidad como tal. Cuando esto se logra, entender la conexión con lo complementario, el sentimiento de estar feliz se apodera de ti. En esas estoy. Aceptando la contraparte, entendiendo que la tristeza conlleva a cerrar el círculo en la búsqueda de estar feliz. De nuevo, nada fácil. No es de un momento a otro. Toma su tiempo pero tiempo tenemos. Solo necesitamos saberlo aprovechar.

Así que a lo mejor algún día escribiré sobre lo que aprendí acerca de las endorfinas, o sobre las palabras filosóficas y confusas de Schopenhauer entrelazando los puntos básicos y simplificados que expone Schmidt. Hoy no. Hoy ya aprendí mi lección sobre la felicidad reconociendo la tristeza. También aprendí que por más que uno lea en aras de saber la respuesta a todo, esto resulta siendo utópico, una lucha también inalcanzable. Mejor disfrutar el recorrido y no darse golpes por no estar presente en la respuesta o en la solución a todo. Toca saber aceptar que la omnipotencia no es terrenal pero en cambio el deseo de la prepotencia podría serlo. Doy gracias que este no es el escenario de este libreto que escribo día tras día.

He aprendido que la felicidad es verdaderamente hermosa pero que es un arte poder extraerla de momentos infelices. La felicidad de la infelicidad es un verdadero reto. Un verdadero conflicto que se necesita entender y después poner en práctica para que la felicidad llegue más tranquila, más pura, como el aire que entra y sale de nuestro cuerpo sin que nos demos cuenta.

Por todo esto expuesto acá, de manera humilde y sincera, te deseo lo mejor en la búsqueda de tu felicidad y si has llegado hasta acá, te agradezco por leer estas palabras que salen de un corazón que día a día, se agranda buscando respuestas a preguntas que aun no se han formulado. De nuevo, re-futurístico.

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