Saturday, January 29, 2011

El refuerzo positivo como generador de confianza


Es muy importante que crean en uno. Es quizás uno de los mejores sentimientos. Las personas responsables buscan consciente o inconscientemente, ganarse la confianza de la gente que las rodea, para cumplir objetivos como el de abrir puertas, el de lograr una satisfacción personal o con el simple objetivo terrenal de “quedar bien”. Todo esto con el fin de cumplir lo pactado en alguna ocasión, y poder decir con la frente en alto que se ha logrado llegar al objetivo propuesto.

Llegar a un lugar ajeno y ganarse la confianza de las personas que trabajan o estudian con uno, será siempre un reto que no es fácil. Más aún cuando trasciende la barrera cultural, religiosa o política.

Pero cuál es la manera de hacer esto correctamente? Quizás esta respuesta no existe. Cada vez que uno llega a un sitio nuevo, es necesario llegar humildemente buscando la forma de poco a poco irse enterando del modus operandi, y poco a poco ir viendo como ir logrando meritos. Los que llegan gritando e inflando pecho hasta elevarse por las nubes, serán bajados a tierra tarde o temprano. Como decíamos durante mi carrera de medicina y después en ortopedia, toca ser “bajo perfil”. Inicialmente.

En el proceso de acople, seguro vendrán equivocaciones inocentes o errores que serán por simple descuido. Seguramente esto no hará que dejen de creer de lo que eres capaz o no hará que pierdas la confianza que has ido ganando.

Es por esto que el saber que estás haciendo las cosas bien es de suma importancia y genera una satisfacción enorme. Cuando logras esta satisfacción, como ser humano que eres, buscas una especie de reconocimiento. Este solo te lo darán pocas personas. Estas son las personas que creen en el refuerzo positivo (positive reinforcement).

El refuerzo positivo es de las cosas que más defiendo en la vida y va ligado estrechamente con la confianza en uno mismo. Es un amplificador de autoconfianza. Cada vez que alguien hace algo bien, por más simple o rutinario que sea, nunca sobra felicitarle o decirle lo bien que lo ha hecho. Si algo se ha hecho mal o si alguna persona se ha equivocado, también debe ser notificado pero siempre de la mejor manera (asertividad) y a manera de crítica constructiva (feedback). Pero este no es el tema. El tema es el refuerzo positivo y la confianza que despertamos en las personas cuando le hacemos saber estas cosas. Esto lo hacemos a diario con nuestros hijos cuando dicen la primera palabra o cuando meten el cubo en el tarro por el agujero en forma de cubo. Lo hacemos cuando nuestra mascota aprende a dar la mano o a sentarse, y le premiamos con una galleta. Entonces, porqué no hacemos esto entre nuestro circulo de familiares, amigos o compañeros de trabajo o estudio?. Porqué no felicitamos a los que nos rodean a diario cuando hacen algo bien?

No hay que volverse un activista de estos que andan pregonando la felicidad como recreacionista en fiesta infantil, pero sentarse al lado de un estudiante tuyo o de alguien que trabaja contigo, y decirle que ha hecho las cosas bien por medio de una felicitación, seguro causará una impresión positiva y hará que esa persona busque una nueva felicitación. Esto hace que tú te sientas bien y hace sentir muy bien a la persona que recibe tu reconocimiento. Así se va ganando la confianza hasta el punto que puedes decirle a esa persona que confías en ella; o puede ser que seas tú el que reciba la buena nueva en la cual te expresan que confían en ti.

Las ganas de ser reconocido, rotulado de manera errónea como “llamar la atención”, la llevo en mi sangre desde muy pequeño. Desde que estaba en los primeros años de estudio estuve en las presentaciones del colegio gracias a poder hablar bien inglés. Desde los 5 años recité poesía (para los que me conocen es difícil de creer pero es cierto) en el auditorio del colegio sin que me diera miedo escénico. En la adolescencia, que aun creo que vivo por momentos, estuve en teatro y danzas y tuve la fortuna de poder estar en varias obras. Siempre, siempre, buscas el aplauso y las felicitaciones al final. Eso es lo que te gusta y por eso es que quieres que todo salga como estaba planeado y como lo habías ensayado. En esos momentos no es satisfacción propia, aunque existe. Es saber que tus padres y amigos vendrán después de la función a felicitarte y eso te hace sentir bien. Es adictivo, es una droga deliciosa.

Es lo mismo hoy en día. Aunque no vivas para ser felicitado, una felicitación nunca cae mal. Si te esmeras día a día dando lo mejor de ti, tú mismo eres el que se debe felicitar sin esperar reconocimiento ajeno. Pero si este llega, celébralo con toda la felicidad que tengas y siempre agradece. Te lo has ganado. Y tú lo sabes.

Si es al contrario, y estás del otro lado, viendo que alguien se merece tu felicitación, pues ve y dásela. Estréchale la mano y dile lo bien que lo ha hecho. A ti no te quita nada y a esa persona le da mucho. Cuando las cosas se hacen bien, deben der reconocidas.

Es así que la confianza se gana haciendo las cosas bien, sin necesidad de la felicitación, aunque esta hace de catalizador al sentimiento de confianza en uno mismo. La confianza propia, creer en ti, es de las cosas más difíciles de lograr. El ser humano constantemente se está golpeando anímicamente y buscando las falencias para darse aun más duro cada vez. La confianza en uno mismo es clave para poder mostrarles a otros que confías en ellos. Si no confías en ti, no podrás mostrar confianza y esto conllevará a que no te tendrán la confianza que estas esperando.

Se vuelve un círculo vicioso. Tú no te tienes confianza, tú no muestras confianza, y por ende, no confiaran en ti y tú no confiarás en nadie. Que dolor de cabeza.

Existe también la otra cara de la moneda: la desconfianza. Esta se da por intuición o prejuicio, según como se mire. También se da por algo que hayas sufrido o por algo que te hayan hecho en donde se te haya despertado el filtro constante de dudar de las palabras o acciones de los otros. Si alguien te miente, y hablo exclusivamente por mí, la confianza se pierde de inmediato y será difícil recuperarla. Si alguien te demuestra en algún momento que te da la mano y después de clava el puñal por la espalda, la confianza se pierde y aunque no existe rencor, nunca será igual. Se perdona, y en algunos casos, no se olvida. Quedarás a la defensiva esperando que en cualquier momento te vuelvan a clavar el puñal. Te convertirás en un vigilante permanente con tu arma descargada y con un depredador llamado desconfianza merodeando tu terreno como una sombra camuflada en la noche.

Personalmente creo que cuando se pierde la confianza, se pierde para siempre o al menos por un buen rato. Cada quien tendrá su forma de manejar a las personas que han hecho que dudes de ellas por cualquier motivo. Si esto pasa, pasará sin aviso previo y será difícil de aceptar ya que son cambios abruptos en las personas cercanas a ti y que a su vez, ocurren de manera inexplicable.

Cuando has depositado tu confianza en alguien y esta persona de un momento a otro se transforma en una persona hipócrita y/o te da la espalda, más que pérdida de confianza y rabia, sientes traición y esto es lo que más duele. Creías tanto en esa relación y de un momento a otro, te han abandonado como si nunca hubiese existido algún vínculo cercano. Te quedas con un gran signo de interrogación de “porqué”, pero a la vez tienes que aceptarlo. En este proceso es cuando entra la decepción y la tristeza mezclada con rabia.

Mi padre me lo ha dicho siempre, “desconfía de todo el mundo pero no muestres desconfianza”. Sigo creyendo que tiene razón aunque tampoco debes andar por la vida dudando de las personas a viva voz. Lo que quiere decir esta frase es que debes tener mucho cuidado cuando decides acercarte a las personas. Muchas veces crees que la persona que acabas de conocer se convierte en tu mejor amigo ipso facto. Puede llegar a ese punto y existe esa posibilidad, aunque me atrevo a decir que lo más probable es que no sea así. Seguro cada quien tendrá cuentos sobre personas que se conocen y en el primer momento se abre una amistad o una relación sentimental que conlleva a grandes cosas. Pero también habrá historias de personas que de manera muy inocente caen en las garras de creer en la amistad de otros y terminan apuñaladas de manera vil o peor aún, traicionadas en el completo sentido de la palabra.

Como conclusión entonces (de este tema tan difícil de poner en palabras), es que debes confiar en ti y además saber que tienes la opción de ganarte la confianza de los demás. Esto último sabiendo que quizás, algún día, esa confianza podrá llevar a cosas positivas o dar la vuelta y herirte donde más te duele. Es una ambivalencia y una bifurcación del camino cuando decides conocer a alguien o cuando llegas a un lugar nuevo. Entre más adentro del camino de la confianza estés, mas te dolerá si eres traicionado, pero si entras y pasas el punto crítico de superar “duras y maduras”, esa relación seguro durará años y años.

Felicítate para felicitar a otros. Confía en ti para saber cómo expresar confianza. Gánate la confianza trabajando con esmero y dedicación. El premio te lo das tú, y si alguien más quiere felicitarte, agradece y tómalo como un incentivo para ser cada día mejor. Desconfía si es necesario pero con fundamentos y nunca con supuestos. Créele a tu intuición (aprendiendo si te equivocas) y da los pasos de tu vida de manera analítica y lleno o llena de seguridad, sabiendo cuando bajar la cabeza y cuando levantarla.

Tú eres el creador del camino de tu vida y solo tú decidirás para donde quieres caminar. Confía en ti y refuérzate positivamente.

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