Saturday, December 31, 2011

Misiones por Resoluciones




Llevo varios días pensando que escribir el 31 de diciembre de 2011, a pocas horas que se acabe otro año más. Los mismos pensamientos de casi todos en este día vienen a la cabeza pero sería otro escrito más sobre resoluciones para este año que viene. Es más, el año pasado DacCoaching ya publicó una entrada sobre este tema. Acá les dejo el link por si se animan a volverla a leer.


Un recuento de lo que ha sucedido este año está en toda internet. Desde fotos, hasta escritos, sucesos, personajes, situaciones etc.

Aquí surge mi primera pregunta. Si tú fueras una persona famosa, y francamente creo que lo eres en el mundo que tú quieras serlo, cómo hubieran elaborado los telediarios o los periódicos la noticia de TU 2011? Qué habrían escrito? Qué fotos hubieran puesto? Trata de hacer el ejercicio. Ve mes a mes y saca lo que verdaderamente influyo para que hoy estés sentado leyendo esto. Ahora, trata de ver solo lo positivo. Lo que tu consideres que no fue positivo (caer en cuenta que no digo negativo) trata de verle lo positivo. Esa situación que tú crees fue “negativa”, analízala bien y estoy seguro que algo de positivo sacaras. Es cuestión de querer hacerlo.

Entonces he decidido dejar misiones y objetivos en vez de usar las palabras propósitos y resoluciones que son las más utilizadas por los siglos de los siglos. Iniciemos entonces. Son solo 5 las que escribo pero si consideras que son mas, personalízalas a tu gusto. 

Escríbelas donde las puedas ver y regístralas haciéndolas aun mas conscientes.

Mi primera misión para ti: SACARLE LO POSITIVO A LO QUE TU CREES QUE NO ES ASI. Sal de la negación de creer que lo negativo es solo eso. Estoy seguro que los sucesos que nos pasan, así en el momento no los veamos como favorables, algo de positivos tendrán. 

Es tu primera misión buscar lo positivo sin afanarte, pero con la cabeza fría y el corazón abierto. Si logras sacarle lo positivo a tu vida, sin dejar de ser realista, estoy seguro que anímicamente tu vida se volverá aun más positiva. Asimismo, lo positivo te llegara y serás como un imán.

Mi segunda misión para ti es ACEPTAR. Cuando digo aceptar me refiero a caer en cuenta que todo lo que te pasó en este año, ya pasó. Así quedo, lo que hiciste o dejaste de hacer ya quedo así y eso trajo o traerá repercusiones. Y no me refiero a repercusiones como algo malo, sino solamente repercusiones. Así como suena. Sin juicio. Ojalá cuando aceptes esta simple repercusión, junto con lo que has logrado con la primera misión, siempre tenga algo positivo. Pero depende de ti.

Toda acción u omisión conlleva a la realización de tu vida. Abraham Vanghese en su libro Cutting for Stone lo deja muy claro: “no solo nuestras acciones sino también nuestras omisiones se convierten en nuestro destino”.

La tercera misión es una que es imposible de no tener pero toca saberla manejar. Es SOÑAR. Cada uno de nosotros tenemos esa habilidad innata. Viene con nosotros. Es genética y congénita así que es imposible negarla. Lo que si se debe hacer, es dejarse llevar por ese sueño, volar un rato con él, imaginarse el sueño cumplido y la emocionalidad de ese momento volverla propia. Pero tendrás que abrir los ojos y una vez lo hagas, debes caer en cuenta que los pies siguen estando  en  la tierra y es el momento indicado para analizar lo que debes “hacer” para lograr ese sueño. 

Los sueños son eso, alimentadores de acciones. Pero la voluntad es de cada uno. Los sueños llegan solos, pero llegan a la mente. Se cumplen cuando les metemos el corazón y las manos. Así que sueña con todo lo que quieras, pero mueve tus fichas para que esos sueños se cumplan in vivo. Acuérdate que uno sueña predominantemente con un futuro que por más que lo tengas enfrente, siempre será incierto.

Esto me lleva a la cuarta misión: ORGANIZAR.  Como lo mencioné anteriormente, lo que deseas en gran parte llega seguido de las acciones que haces para ese fin. Así que lo mejor es concretar tu meta, tu objetivo, tu sueño, e inmediatamente plasmarlo en un marco de tiempo.

Por ejemplo, quiero lograr X cosa en Y tiempo. Una vez tengas el tiempo establecido (Y), siendo este real para el objetivo trazado, es cuando debes ir analizando los mini objetivos que te llevarán al gran objetivo. Si quieres en un año logar un viaje o bajar de peso (por poner los ejemplos más frecuentes), es necesario que te organices ahorrando de manera secuencial  o bajando de peso gradualmente. No dejar todo para última hora. La organización es clave para cumplir con cualquier objetivo, así sea soñado o impuesto. Pero de nuevo, depende de ti. Existen muchas formas de organizarse. Escoge la que más te guste.

La quinta misión es la más importante pero necesita de las otras 4 para que sea más concreta. Es simplemente HACER. Aquí es donde el positivismo, la aceptación, el soñar, y la organización se convierten en una sola acción. Cuando haces lo que haces sin los puntos previos, simplemente estas dejando que el azahar, destino o la fuerza abrumadora de la suerte predomine. Si eres de los que crees en la suerte perfecto. Yo también creo en ella pero creo más aun en que lo que quiero se obtiene por lo que hago y no por simplemente tener los astros de mi lado. 

Ganarse la lotería es muy difícil, pero ganarse la lotería sin comprar el boleto de lotería es prácticamente imposible. Tengo más posibilidad y a la vez se convierte en predecible ganarme la lotería si obtengo el boleto que si no. Suena simple pero es un HECHO. Lo que fácil llega, fácil se va.

Así que DacCoaching y yo les deseamos a todos un 2012 lleno de positivismo y capacidad para extraer lo positivo de todo lado. Un año de aceptación pero a la vez sin dejarnos convencer tan fácilmente.  Un año donde te eleven los sueños pero que tu capacidad de organizar te devuelva a la tierra para que puedas hacer con ellos todo lo que quieras.

Es un placer para mí compartir con todos ustedes que después de más de 14 mil visitas al blog, DacCoaching se expande en el 2012. Nos ramificamos para enfatizar en Coaching dirigido al área de la salud y además entramos a publicar entradas en ingles. Igual, seguiremos por DacCoaching como lo hemos venido haciendo hace 18 meses.

Feliz año del Dragón y un abrazo a todo@s. 

Wednesday, December 14, 2011

Conociendo lo Profundo



Acabo de ver las fotos y la presentación que les hicimos mis hermanos y yo a mis padres por cumplir 50 años de casados. Una tormenta emocional se apodero de mí al verlas y acordarme de ese momento que vivimos hace unos años. Creo que a eso lo llaman nostalgia.

Acabo de pasar por 2 semanas de intensa tormenta emocional. Un tsunami de emociones que son francamente como una patada a las rodillas y mientras caes, un codo a la cabeza. Ya en el piso, una patada al estomago sería el siguiente paso de esta mórbida descripción. Creo que a eso le llaman vida. Al menos una forma de verla. A través de un agujero, de los millones que hay.

Cada uno de nosotros tiene su propia vida. Por más apegado que seamos de alguien, cada uno vive la suya. Cada vida viene con su emocionalidad. No es un regalo como cuando uno abre la caja de cereal y encuentra una sorpresa. Es algo que hemos desarrollado. Es algo que es único. Nuestras emociones y la forma en que las sentimos son como una especie de huella dactilar.

Coincidimos con muchos que tenemos huellas dactilares, pero cada una es única. Nuestras emociones nos hacen únicos. Tal vez no el hecho de tenerlas, pero si la forma en que las expresamos.

Pasar de una victoria en un partido de futbol a conocer que el padre de un gran amigo ha fallecido es un trayecto que en palabras parece corto, pero en nivel de emoción, es más que alto y ancho combinados, es profundo.

La profundidad de nuestras emociones depende del gatillo que las dispara. Estamos codificados para sentir las emociones básicas, pero la intensidad (la palabra técnica para profundidad) es única.

Algunos seres parecen de piedra mientras otros parecen de espuma. Ninguno es mejor que otro, simplemente debemos conocer en que sección de este espectro entre espuma y piedra estamos, y realizar las modificaciones, si las creemos necesarias, para estar en paz con nosotros mismos cuando nos enfrentemos a noticias que de nuevo, nos barren del piso.

Es mucho más fácil escribir que poner en práctica. Predicar es lo más sencillo, pero ponerlo en práctica es de lo más difícil. Y no le deseo a nadie que practique, ya que un tumbo emocional tras otro puede llegar a convertirse en enfermedad. Creo que a esto lo llamamos, somatizar.

No tengo la solución mágica para estar preparado a noticias que nos tratan de descomponer. No tengo la fórmula para ser de piedra o de espuma. Solo trato de estar en paz conmigo mismo, sabiendo lo que he hecho bien, y lo que no he hecho tan bien. Siempre buscando la forma de completar lo que hace falta. Por eso cuando me preguntan cómo veo el vaso, yo contesto que independiente a como lo vea, es lo que debo de hacer para completarlo. Ya sea llenarlo del todo, o vaciarlo. Es buscar estar completo. Lo mismo pasa con nuestras emociones.

La vida es muy corta para estar malgastándola en arrepentimiento. Para esto, la formula es hacer las cosas para no arrepentirse. Yo no me arrepiento. Si me he equivocado, aprendo de mis errores, pero el arrepentimiento solo es una sensación de culpa como una tonelada de cemento llevada en hombros. Vivir con culpa o arrepentido es como si nos metieran en una bolsa plástica y nos dejaran caer al mar.

Qué nos hace feliz? Qué nos motiva? Qué hace que nuestro acelerador se mantenga constante?

Esas son preguntas que yo no puedo contestar por nadie sino por mí. Lo hago a diario.
Si algún día, y llegará sin duda, logramos sentir que ese vivir en flujo constante de energía positiva se esfumase, es ahí cuando todos nuestros pensamientos, teorías, técnicas, formas y maneras, deben volverse un conjunto de herramientas para superar la condición atravesando el puente que las emociones nos brindan.

Las emociones son como un cachorro recién nacido. Cada uno lo cría a su manera, lo entrena como quiere, y poco a poco van obedeciendo no sin antes pasar por una época de difícil manejo.

Conócete y reconoce tus emociones y más aun tu emocionalidad. Así tendrás siempre la primera jugada, botaras la primera carta y serás el control y no el controlado.
Para finalizar, los dejo con una frase de Bob Marley que dice:

"No vivas para que tu presencia se note, sino para que tu ausencia se
sienta."

Posterior a esto yo hice mi reflexión:

"La nostalgia de esforzarte para ser recordado cuando ya no estés, es un generador de positivismo del presente para que en ese futuro incierto, no agarremos de lo que algún día quisimos ser y ahora tenemos la oportunidad de hacer."

Y posterior a esto mi hermano hizo la suya:

"Hay que vivir cada día al máximo y de seguro, al final del tiempo se notará nuestra ausencia. Pero que se note nuestra ausencia no debería ser un objetivo, al igual que se note la presencia tampoco debe ser la razón de ser de nadie."

Reconocerte para conocer tus emociones es un gran reto. Mucha profundidad. Estas list@?

Un abrazo a tod@s,


Sunday, November 27, 2011

AcompaSar para AcompaÑar: el Rapport como herramienta




Cuando inicié mis estudios en Estados Unidos, una de mis primeras clases en las mañana de los martes era antropología 101. Era una clase magistral donde 400 estudiantes se sentaban a oír a una antropóloga a hablar sobre la creación y la evolución. De lo poco que me quedó fue la historia de Jane Goodall.

Sus estudios sobre los chimpancés y las semejanzas con nosotros fueron fascinantes. Me acuerdo un video donde mostraban a los chimpancés hacer las cosas como los humanos. Una de ellas era el uso de herramientas. Dado que los chimpancés necesitaban sacar las hormigas del hormiguero, y destrozar el hormiguero no era una opción, pues “razonaron” que necesitaban una especie de herramienta para lograr su cometido. Como lo harían los humanos.

Los chimpancés, al ver el agujero en la punta de la montaña de tierra donde se alojaban las hormigas, decidían llenar de babas un pedacito de pasto cilíndrico, y cuidadosamente introducirlo  en el agujero. Se quedaban ahí un par de segundos y retiraban el pasto cilíndrico obteniendo un buen número de hormigas adheridas las cuales pasaban a la boca del mico como si fueran canapés en un pincho. Era como ver a un niño meter el palito con babas en el dulce. Los chimpancés lo hacían como los niños.

En el coaching, es indiscutible que nosotros como coach aprendamos a ser o sentir como nuestros coachees. A ponernos en los zapatos de nuestros clientes o pacientes.

Esta herramienta, la cual forma parte indiscutible de la caja de herramientas del coach, se le conoce como rapport o acompasamiento. No es acompaÑamiento. Es acompaSamiento.  Es ir al compás del otro. Es transportarme al interior de la persona que tengo a mi lado, y con emoción controlada, tratar de entender lo que pasa por la cabeza y el corazón en ese momento, con la salvedad de estar en mi zona segura al poder decidir qué tanto quiero sentir y qué tanto quiero incorporar.

Ponerme en la piel de mi cliente o paciente es de suma importancia para una asertividad emocional  y para una adecuada sinergia entre cliente y coach. Es acercarme al mundo de la otra persona igualándolo mas no imitándolo. Es crear un ambiente de acompaÑamiento por medio del acompaSamiento.

Dentro del rapport se conocen además, 2 términos como la empatía y la sincronía.

El primero de ellos, hace referencia a la corriente de cordialidad que se trata de emplear para que exista un flujo más constante entre el coach y el coachee. La empatía genera una relación donde ambas partes ganan por medio de un acuerdo positivo. Es, en términos más simples, esa sensación que alguien, sin saberlo, te cae bien, te agrada y te genera cierta confianza.

El segundo término, la sincronía, es para mí como una empatía plus. Es, además de todo lo que genera la empatía, una forma de ir al ritmo de la persona que tengo a mi lado. Creo que se necesita tener empatía para llegar a la sincronía pero no al revés.

En medicina y en el área de la salud, el rapport, empatía y la sincronía son de vital importancia. Mi teoría es que ningún medico sabrá lo que se siente ser medico hasta que él o ella sienta lo que se siente siendo paciente.

“Solamente cuando se está horizontal, se entiende el significado de estar vertical.”

Cuántos de nosotros logramos hacer rapport con nuestros pacientes? Cuántos nos vemos escondidos detrás de la falsa premisa de “esto no me pasará a mi jamás”? Cuántos nos creemos inmortales o intocables?

Es necesario que para poder cambiar la atención a nuestros pacientes, o a nuestros clientes, logremos por la cantidad de tiempo que sea necesario, hacer sentir a esas personas que verdaderamente entendemos y comprendemos por lo que están pasando. No volverlo un engaño mientras dure la consulta o la sesión, sino que verdaderamente se genere ese preámbulo a la confianza tan importante para el buen resultado del proceso.

Generar rapport no es bajarse del pedestal inexistente de ser médico o profesional de la salud. Tener empatía no es un negativo. No tenerla es ir en contra de la empatía. Es ser antipático.

Por eso si algún día tienen la oportunidad de ponerse en los zapatos de sus familiares, amigos, clientes o pacientes, no duden de hacerlo y así entenderán con mayor profundidad y con mayor corazón, lo que verdaderamente está pasando.

Cada individuo es importante, cada individuo tiene un rol a desempeñar, cada individuo marca la diferencia. – Jane Goodall

Thursday, November 10, 2011

La metamorfosis de la luna de miel




Desde el siglo XVI se creía que el matrimonio se debería llevar a cabo con múltiples fines. El amor de la pareja no era tan necesario, pero sí la decisión de procrear para continuar con el estirpe familiar. No es misterio que en muchas culturas y/o religiones, las parejas son impuestas y no escogidas. Asusta que hoy en día, muchas culturas y religiones hagan lo mismo. Históricamente, dentro del primer mes después de la boda, es decir,  la primera luna, los novios o ya esposos, bebían hidromiel, la cual en teoría, daría más probabilidad de engendrar un hijo varón y lograr que el apellido familiar continuara en las generaciones siguientes.  Tendencias machistas de la época.

Hoy en día, se sigue llamando luna de miel al periodo después del matrimonio, pero ya no se concibe como el periodo para procrear con los fines ya expuestos. Es un momento donde se juntan dos fuerzas, llenas de un sentimiento exquisito, y se compenetra la unión por medio de la convivencia, que desde ese momento empieza. La connotación sexual de la luna de miel ya no es, en gran mayoría de las culturas, un tabú. Muchas parejas hoy en día, se conocen íntimamente antes de casarse. La expectativa de saber cómo es el otro u otra en la cama durante la noche de bodas podría afirmar, ya no existe en una gran mayoría de parejas.

Con esto, entro a hablar de lo que se denomina el Síndrome de la Luna de Miel.

Dado que muchas parejas ya se conocen detalladamente antes de casarse por cualquier medio, religioso o civil, el matrimonio no es un punto y aparte. Es un punto seguido. Nuestra forma de ser, nuestro físico, nuestra actitud no cambia de inmediato una vez nos casamos. No existe un “switch” mágico que nos transforma súbitamente. Seguimos siendo los mismos, ciertas cosas tienden a cambiar sin duda alguna,  pero en esencia somos los mismos. Lo que pasa es que ahora somos  2, y en un futuro podrán ser más con la llegada de los hijos. Esto es lo que en realidad cambia. Llegan objetivos que ya no son propios sino compartidos, y cada uno de los que conforman la pareja, tiene las mismas responsabilidades y mejor aun, lo que lo hace más lindo, es que si el uno o el otro no las cumple, está el otro para hacerlo de manera incondicional.

Una vez las costumbres se implantan y entran las condiciones impuestas, sin duda, ese ambiente matrimonial de armonía, se verá fracturado. Un tema que daría paginas largas y llenas de letras. Una vez nos permitimos salir de ese ambiente que hemos creado en la luna de miel, nos hacemos vulnerables a caer en la tentación de volver a la rutina de siempre, pero ahora en unión con nuestra pareja.

Cómo se traspasa esto a nuestra vida cotidiana?

Cada vez que asistimos a un curso, o decidimos conllevar algún cambio en nuestras vidas, iniciamos con mucha expectativa, hacemos todo el esfuerzo para llegar a dicho cambio, y cuando creemos que hemos llegado a nuestro objetivo, lo disfrutamos muy poco ya que nuestra costumbre nos ancla a lo que siempre hemos sido, sea eso lo que sea. Es como si lucháramos contra la resistencia de una gran banda elástica que nos sujeta y cuando estemos llegando a nuestra meta, nos dejamos vencer por el fenómeno de retroceso innato de la banda y volvemos a donde iniciamos. Es más, podemos inclusive caer aun más lejos de nuestro lugar de partida. Deberíamos ser capaces de cortar la banda cuando estemos cerca de lograr nuestro objetivo, y así inclusive saldríamos impulsados a la acción de manera certera.

La satisfacción del deber cumplido, para nuestros objetivos o nuestras acciones, no debe ser punto final. Debe ser el punto de partida de novo. Cada vez que creemos haber terminado algo, lo que verdaderamente pasa, queramos creer o no, es que estamos iniciando algo nuevo.  No hay mejor inicio que un final. Lo más agradable de terminar un libro, es pensar cual sigue. Depende de nosotros si lo queremos ver así, o si lo queremos dejar como un pasado ya cumplido. Mejor sería que lo viéramos como un presente instaurado para un promisorio futuro.

Me acuerdo que cada vez que el colegio nos llevaba a “convivencias”, todos nos encontrábamos en un marco de amplia fraternidad y amabilidad, sentido de colaboración y disposición al cambio. Cada uno caía en cuenta de sus errores, pedía perdón, se comprometía a cambiar y todo era como llegar a un nirvana. Era una alegría enorme, era una sensación de plenitud. Se vivía y se creía que todo estaría bien de ahí en adelante. Volvíamos el lunes a clase y algo quedaba, digamos que duraba un par de semanas máximo, pero después, todo volvía a ser como antes. Las mismas costumbres, los mismos vicios, el mismo torpedeo de insultos y malas actitudes (me incluyo), y de la plenitud pasada, no quedaba nada. Seguro la inmadurez de ese momento me llevaba a dejarme vencer por aquella banda de resistencia, en vez de dar ese paso hacia un cambio que daría tarde o temprano.

Para qué vamos a cursos? Para qué asistimos a conferencias?

Seguramente la respuesta más usada sería para aprender, para mejorar, para optimizar nuestro rendimiento o inclusive alguno podría contestar que asiste porque simplemente le nace.

Recibir la información es un primer paso sin duda. Tomar la decisión de asistir a una charla, seminario, curso o congreso es otro gran paso. Pero pasar de el aprendizaje, a poner en práctica lo aprendido,  es el primer verdadero gran paso.

Depende de nosotros si después de cada aprendizaje caemos en el síndrome de la luna de miel y después de 2 semanas volvemos a nuestra rutina como si nada hubiese pasado. Depende de nosotros si pasamos del plan a la acción. Si pasamos del deseo de ser, al hacer para ser.

Esta actitud frente a la vida la recomiendo sin dudarlo. Conocer que existe este síndrome nos sirve para caer en cuenta si estamos cayendo en la costumbre de volver a nuestra rutina después que decidimos hacer algo para modificarla.

Yo llevo viviendo esa luna de miel con todo lo que aprendo hace mucho tiempo,  y es un primer paso para encontrar ese estado de flujo de buena energía.

Mi vida después de muchos hechos, se ha convertido en una luna de miel constante. Soy realista que no todo es maravilloso, pero también caigo en cuenta que todo podría serlo. Vivo con la actitud de atraer ese positivismo cada día sabiendo que cuando las cosas no tan positivas lleguen, y llegarán sin duda, pues esta actitud me ayudará a enfrentarme a ellos.

No dejes que la luna de miel de las cosas ni de las personas que interactúan contigo en el día a día se acaben. La vida es muy corta y vale la pena vivirla intensamente, llena de realismo, asertividad y mucho positivismo.

Para terminar, unas frases de Pablo Coelho:

“En toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor encierran en sí todos los secretos del mundo.

“Existen derrotas, pero nadie está a salvo de ellas. Por eso es mejor perder algunos combates en la lucha por nuestros sueños que ser derrotados sin siquiera saber por qué se está luchando.

“Solamente pasaba diez minutos con el amor de su vida, y miles de horas pensando en él.

“Deja de pensar en la vida y resuélvete a vivirla.

Wednesday, November 9, 2011

Curso de Coaching Nutricional en Barcelona



Los días 4,5 y 6 de Noviembre de 2011, se desarrolló en Barcelona, la séptima convocatoria del Curso de Coaching Nutricional donde Juancho Daccach, fundador de DacCoaching estuvo presente impartiendo docencia sobre el Coaching y sus aplicaciones al área de la nutrición y dietética. 

La empresa Nutritional Coaching, organizadora del evento, también tendrá un nuevo curso sobre Coaching aplicado al área de la Nutrición y Dietética el cual  iniciará el día 11 de este mes. 

Seguimos avanzando. 

Tuesday, October 11, 2011

La Cuerda Floja del Conocimiento



Sabérselas todas es algo imposible, y el que diga que lo hace, seguro está ilusionado con la posibilidad de creer que es así. Lo que sí puedo decir es que existe una ambivalencia en la emocionalidad de las cosas cuando uno sabe, o cuando uno no sabe. En otras palabras, tener el conocimiento puede ser un arma de doble filo.

Cuando las personas van a un sitio que no conocen, existe esa ansiedad normal de estar constantemente pensando: qué va a pasar?, dónde queda esto?, por dónde me voy a este lugar?; y esto para algunos genera una sensación incomoda e innecesaria. Es obvio que podría pasar (amplificando este escenario), que todo el día, y para todo lo sucedido, estemos pensando en el “qué pasa si” (what if),  y esto sería completamente diferente, rayando ya con enfermedad.

Visto de otra forma, hago referencia  a que cuando uno camina por un lugar desconocido o cuando uno sigue un mapa sin saber si va bien o va mal, y se genera esta sensación rara, es porque nunca se ha pasado por ahí. No hay representación en la memoria de esa ruta, porque nunca se ha hecho. Por más que se aprenda uno el mapa (y no se vale Google Earth) existe esa sensación de no saber si va uno bien o no.

Si lo ponemos en términos más sofisticados (por ponerlo de alguna manera), el “no saber” puede generar lo que se llama “ansiedad anticipatoria”. Esto sería la preocupación de atraer un futuro que será incierto por más fuerza que le hagamos. Entonces lo importante es vivir el momento y caer en cuenta que estamos cayendo en la trampa del futuro, pre- ocupándonos por algún hecho que por más predecible que sea, no es seguro.

De otro modo, podríamos ponerlo en el ámbito laboral o en el ámbito de estar en una situación donde te prometen algo, generándote un alivio temporal basado en esta promesa, quedas con la ansiedad de pensar si es verdad o no lo que te han prometido, y llega el momento de la verdad, y puede pasar que sí sea cierto o que no. Y ahí viene otro motivo más que genera ansiedad y este a su vez, por defecto, va ligado a una situación de tristeza y aburrimiento, si no era lo que esperabas, o te incumplieron en la promesa inicial. Entra entonces la decepción.

Es de suma importancia verificar de donde y de quien vienen las promesas. Hay que saber manejar esa cuerda floja para poder quedarnos en ella, sin importar el viento, o sin importar las distracciones que tengamos en el  recorrido hacia nuestro objetivo al otro lado de la misma.

De nuevo, la importancia de restarle importancia al futuro. No me refiero a no tener ilusiones o a no soñar. Visualizar nuestras metas y vernos a nosotros en ellas desde el hoy, es una técnica valida que para muchos sirve para atraer ese momento que deseamos. Pero ojo, hay que tener los pies en la tierra y saber afrontar lo que pase, sea lo deseado o no. Los que somos intolerantes a la frustración, esto que les comento conlleva a un reto abominable. Los que no obtienen lo que desean, de niños lloraban y hacían pataleta hasta que obtenían, por simple desespero causado a los padres, lo que deseaban. Hoy en día, aunque muchos adultos todavía hacen pataleta a su manera (afortunadamente yo creo que ya dejé ese habito), es más factible que sepan comprender cuando las cosas no salen como se quiere. Nuestra mente, al estar entrenada para las opciones positivas o los planes secundarios, ya acepta esta situación si termina siendo así. De nuevo, un conocimiento previo que me ayuda a la hora de la verdad.

Pero entonces existen los fatalistas y los negativos que dicen que es mejor pensar en lo peor, ya que si llega a pasar, pues ya estarán preparados para ello. No lo creo. Pensar en negativo atrae lo negativo tanto física como emocionalmente. Entonces si piensas en negativo ”por si acaso”, todo ese trayecto desde ese pensamiento hasta el hecho, estará abrumado por energía negativa. No vale la pena desperdiciar la vida así. No sería mejor, pensar en positivo, lleno de energía positiva, vivir los momentos con alegría, y si llegase a pasar lo no deseado, saber afrontarlo con madurez y tranquilidad? Yo diría que si, al menos suena saludable.

Pero ahora viene el lado más oscuro de tener el conocimiento. Ya vimos que si repetimos un camino o un sendero por alguna ruta, nuestra confianza aumenta porque ya lo habíamos vivido. Sabemos cuánto falta de camino, por donde llegar, cual es la ruta alterna etc. Esto es muy positivo pero quita esa minúscula expectativa que para algunos se puede convertir en ansiedad. Ahí está el asunto. No podemos dejar que la falta de conocimiento, haga que la expectativa normal y agradable de cumplir una meta, se convierta en ansiedad anticipatoria. Lo que ya conocemos siempre será más cómodo. Pues no, no siempre.

Ser medico te involucra en el mundo de la patología. Es verdad que tienes que aprender a identificar lo sano para reconocer lo enfermo pero el 90% o más de tu vida como estudiante,  estás tratando con personas enfermas. Estás aprendiendo patologías, estás sumergido en lo oscuro de tu profesión. En ciertas ocasiones te tienes que aprender datos  de memoria como si estuvieras recitando tablas de multiplicar. Cuando avanzas en tu profesión, esto te da la virtud de tener la sospecha y conllevar a una impresión diagnostica para después con las ayudas externas, confirmar tu hipótesis. En medicina te enseñan a sospechar basado en el conocimiento que has obtenido. Si no sabes que existe dicha patología y no sabes reconocer sus síntomas o signos, es probable que teniendo un claro ejemplo en frente tuyo, se te pase por alto. Excelente si eres medico poder logar esta gran virtud.

Pero si eres medico, y gracias a la información que ya tienes metida en tu torre de control,  cualquier dolencia, propia o ajena dentro de tu circulo mas cercano, también va a abrir el archivo de “posibles patologías” y tu cabeza va a empezar a dar vueltas y esto se va a traducir en somatización o representación corporal de tu pensamiento.

Un gran número de médicos, y esto esta reportado, sufrimos de cierto nivel de hipocondriasis. Creemos que un dolor de cabeza puede ser un tumor cerebral (casi siempre la hipocondriasis es frente a patologías cancerosas) o que un dolor abdominal terminara en cirugía y se te puede infectar, y te tienen que mandar a la unidad de cuidados intensivos, y así puedo seguir hasta terminar imaginándonos lo peor por una simple indigestión. Ahora, en estos casos, tener el conocimiento no es tan agradable.

Los médicos tenemos que vivir con esta dualidad del conocimiento día a día. Saber sospechar patologías en otros, y bloquear nuestra imaginación en nosotros mismos o nuestros familiares. Y todo esto sin generar estrés o angustia ni en los que nos rodean y mucho menos en nosotros.

No les miento, cada vez que voy a una ecografía de mi hermosa princesa que nacerá en Febrero, maldigo el hecho de ser medico porque el “chip” de “patologías durante el embarazo” ya está incorporado. Pasé 3 meses de mi carrera aprendiéndome todas las patologías del embarazo, y después lo viví en el año de Internado más aun,  en el año de mi servicio como médico Rural. Termina siendo inevitable. La información y el conocimiento están ahí. Entonces cada vez que se pone el ecógrafo en la barriga de mi mujer y aparecen las manchas blancas con negras, es inevitable pensar en todo lo que podrías llegar a ver. Es un estrés innecesario. Me hago auto coaching y me tranquilizo.

El coaching en salud, enfocado al acompañamiento a pacientes y sus familias a quienes la vida les cambia por un diagnostico, debe estar enfocado en una frase que yo veo muy importante y que creo resume todo lo que he aprendido hasta ahora: REALISTA PARA ACEPTAR Y OPTIMISTA PARA AVANZAR.

Como coach es necesario tener el conocimiento y además saberlo manejar. Como medico igual. Como coach en salud, debes estar preparado para acompañar a tus clientes/pacientes dentro del margen de la aceptación y el realismo, pero a su vez meterle energía y fuerza positiva para avanzar en este nuevo proceso que arranca. Tú eres la persona que debe manejar el conocimiento y no es un reto fácil.

Debes saber qué tanto conocimiento te gustaría que obtuviera tu paciente y su familia, sabiendo que con los alcances de Internet, la información está, pero no siempre es interpretada como debe ser. Leer algo que no está comprobado, o que no se genera desde la verdad estadística, puede conllevar a pensamientos que podrían truncar el proceso de acompañamiento. Siempre se debe manejar la verdad, pero se debe saber como manejarla.

En la vida cotidiana, es agradable tener conocimiento de otras cosas como arte, literatura, de cómo ser padres, de cómo cuidar a la familia, de materias relacionadas a nuestra profesión, de filosofía, de cualquier hobbie como mecánica, jardinería, geografía etc. En pocas palabras, cualquier cosa que NO genere estrés por conocimiento. Este tipo de conocimiento, el que viene aislado del estrés,  atrae la posibilidad de llegar a estar en esos sitios en que soñamos estar, o inclusive obtener un premio como la consecución de algún objeto que hemos estudiado con fervor y ahínco.

El constante aprendizaje genera desarrollo neurológico y reservorio bibliográfico para entablar conversaciones con los que queramos. Es agradable poder hablar con personas de muchas cosas aceptando que no se sabe todo sobre el tema, pero si lo suficiente para hablar con propiedad. En otras ocasiones, el silencio es la mejor forma de expresar que no conoces lo que se está tratando. El silencio es tu aliado cuando no tienes el conocimiento.

Entonces es decisión nuestra saber cómo orientamos lo que sabemos, y cómo hacemos para que lo que no sabemos, no nos desoriente en la consecución de nuestros objetivos. 

Tuesday, September 27, 2011

No tenemos porque estar solos; un ejemplo admirable.



La decisión de combinar el coaching con el área de la salud tuvo un inicio claro. 

Estuve presente cuando a mi gran amigo Gustavo le explicaron la operación que le tenían que hacer porque tenía cáncer abdominal. Una vez el doctor se marchó, empezó una nueva vida para Gustavo y para su familia y novia en aquel momento, ahora esposa.

Se empezaban a cuestionar qué pasaría y qué rumbo se debería tomar. Era como una lluvia de ideas entre los hermanos, su madre y su novia. Era un manejo de emocionalidad severo y además un reto para cada uno para no perder su compostura. Eran momentos difíciles.

Afortunadamente, la familia (incluyendo a su esposa), supieron hacer las cosas con naturalidad y mucha fe. Pero me pregunte cómo seria de diferente, sin saber si podría ser malo o bueno, si existiera un acompañante al lado de ellos para ir en paralelo y no en serie, ayudando a manejar los cambios forzados que se avecinaban.


No era tomar las riendas de la familia, sino estar ahí por cada miembro de la misma, y por medio de las técnicas de coaching, sacar las herramientas de cada integrante del equipo recién formado, para que cada uno sirviera de apoyo y tuviera aun más optimismo para avanzar, eso si, con una buena dosis de realismo. 

Apenas estaba empezando yo en el coaching y no lo tenía muy claro. Ahora, lo veo como una opción para los pacientes y sus familias.

Quiero enfocar mi Coaching en Salud primordialmente en personas a quien la vida les cambia  por un diagnostico. Estar ahí para la persona y para su familia. Quiero ser una opción real para optimizar el recorrido que inicia a partir de este cambio brusco e inesperado que nos puede pasar a cualquiera.

El coaching en salud además tiene otras múltiples aplicaciones que en una futura entrada ya explicare.

Hoy, con la autorización de mi colega, Alejandra Aristizabal, puedo publicar la respuesta a una pregunta muy poderosa que le hice, inclusive rayando con el irrespeto y quizás de forma muy atrevida. Pero supe, que la pregunta traería lo mejor de Aleja, y lo mejor de Aleja seria expresado para que muchas personas lo lean y sepan quién es ella y que está haciendo después de ser diagnosticada con un tumor cerebral maligno. 

No tengo palabras para expresar mi admiración, ya que todo el recorrido que ha llevado, lo ha hecho prácticamente sola junto con su familia y esposo,  y unos cuantos amig@s. En pocas palabras es un ejemplo para todos.

Así que como en una entrada pasada le pregunte a Virginia después de sobrevivir un accidente de transito severo, qué se siente estar viva hoy, pues a Aleja le pregunté:

Por qué has escogido seguir viviendo y no te has dado por vencida si es la opción más fácil?

Y esta es su respuesta. Increíble. Gracias Aleja, eres ejemplo para muchos.

Nunca antes, me había hecho esta pregunta. Por difícil que parezca SIEMPRE pensé en seguir adelante, es lo que mi Corazón me dice que tengo que hacer. Y no significa que no he tenido momentos de cuestionamientos, de tristeza, de incertidumbre pero siempre trato con energía positiva y cero pensamientos negativos tratar de salir de las dificultades que nos pone la vida.

Lo más difícil para mí, es ser médica y paciente al mismo tiempo, las estadísticas no son muy buenas para lo que tengo. Fue en Septiembre del 2009, que yo misma note que no podía mover bien un pie y sabia que algo no estaba bien, en esa época estaba viviendo en Estados Unidos y estudiando mi especialización en Salud Publica y Epidemiologia. Esa noche no dormí pensando todas las causas que podrían resultar en  tener “pie caído”, inclusive cáncer cerebral. Al otro día pedí cita con el Neurólogo, y a los pocos días me atendieron. Pude ver la cara de preocupación del neurólogo al hacerme el examen físico y me lo repetía una y otra vez.  Me dijo que era un caso difícil y me tenía que hacer una cantidad de exámenes.

Al poco tiempo me realizaron la resonancia magnética cerebral, y me dejaron dentro del resonador (aparato) como 1 hora y media, y repetían y repetían, en ese momento supe que algo andaba mal y me comencé a estresar porque yo sabía de antemano las posibles causas que podrían darme los síntomas.

Me dijeron que esperara a que el radiólogo llegara, y me dieron un CD con mis exámenes, yo misma vi una masa gigante como de 7 x 7 cm en mi lado izquierdo de mi cerebro, pero entre la confusión y desesperación solo le dije a mí esposo: tengo cáncer y me desmorone. A los pocos minutos me llamo mi neurólogo, el que me había enviado la resonancia y me dijo que tenía que ir a urgencias a hospitalizarme porque tenía edema cerebral (el cerebro hinchado), y a los pocos minutos ya estábamos ahí. Yo tenía la esperanza que fuera benigno, porque nunca sentí nada; solo dolores de cabeza esporádicos. Caminaba bien, si no me hubiera notado el pie caído, no hubiera ido a el neurólogo.

Y de ahí en adelante me desconecté del mundo, no sabía qué fecha era, me empezó gastritis y reflujo que ni con los medicamentos más fuertes se me paso, permanecí con dolor constante en el estomago y nunca me imagine todo lo que se me venía encima. Llego el neurocirujano y el neurólogo y me dijeron que el cáncer que tenía era maligno, y me dio una crisis de ansiedad. No lo podíamos creer, era como si estuviera soñando y al otro día me levantaría de la cama y nada de esto estaría pasando.

Me hicieron una biopsia cerebral a los pocos días, y me pusieron muchos medicamentos, yo pasé de no tomar nada, a tomar demasiados medicamentos de un día para otro. Desde que me hospitalizaron mi vida cambio. La situación empeoró porque los medicamentos que me enviaron son muy costosos y el seguro medico no me los cubría. Nos tocó empezar a pensar en nuestra estabilidad financiera además de saber que tenía cáncer cerebral. La cirugía que necesitaba era muy costosa y tenía que ser en un hospital que tuviera la tecnología y neurocirujanos especializados en este tipo de enfermedades, y no es un procedimiento económico. Y las complicaciones no terminarían acá.

Consulte 4 neurocirujanos, las versiones de 3 eran la misma y concluían que tenía que operarme de inmediato. El otro neurocirujano dijo  lo contrario: que tenía que empezar quimioterapia y radioterapia en ese momento. Fue cuando acudí a la ultima neurocirujana, en esa vez me senté con ella y me explicó las imágenes de la resonancia, tenía la línea media cerebral desviada y compresión de ventrículos (reservorios de liquido cefalorraquídeo). Hablando en términos generales,  me estaba empeorando cada día más.

Ella me remitió a un centro de tumores cerebrales que no queda en la ciudad donde vivo, queda a 2 horas en avión y es la parte más cercana a mí donde se puede encontrar  toda la tecnología y especialistas para realizar la cirugía de resección del cáncer. Allá fuimos en noviembre del 2009, pero las complicaciones continuaron.

Toda mi familia cercana viajo allá, mi papá, mi mamá (que viven en Colombia), mi esposo siempre ha estado conmigo, (innumerable noches de espera en el hospital), mi hermana y mi cuñado. Siempre salí de todas las cirugías para la unidad de cuidados intensivos porque las cirugías eran delicadas y riesgosas, y yo como médica era consciente de eso. Continuaba perdida algunos  días y ya lo comenzaba a aceptar, pero es increíble la cantidad de cáncer que hay ahora en jóvenes y adultos jóvenes, supuestamente era en ancianos o adultos mayores, pero eso ya cambio, TODOS ESTAMOS EN RIESGO.

Me operaron estando despierta, para tratar de conservar la cantidad de cerebro posible, porque estaba localizado en el área que controla el lenguaje y mis movimientos del lado derecho. De ahí salí directo a la unidad de cuidados intensivos y por los medicamentos para el dolor y la manipulación del cerebro de mi área del lenguaje, me era imposible comunicarme, mi medio de comunicación solo era una sonrisa.

Nos fuimos para un hotel después de la cirugía porque tenía que estar en control permanente por varios días y me tenían que hacer curaciones de la herida de la cabeza. Me cortaron todo el pelo para disminuir el riesgo de infección. El último control lo tuve el día antes de viajar. Me acuerdo que me había empezado a salir como una protuberancia en el sitio de la cirugía y le preguntamos a el neurocirujano que me opero si era normal, y si podíamos viajar o no. El nos dijo que estaba bien que viajáramos. Entonces todos nos fuimos, yo ya quería estar en mi casa, con mi esposo.

Desde que nos montamos al avión de regreso a casa me empezó a salir una secreción sanguinolenta de esa protuberancia que le había mostrado al neurocirujano el día anterior a nuestro viaje, y no paraba. Llegué a mi casa y otra vez a urgencias, llamaron a donde me operaron y me pusieron un punto sin anestesia y tomaron muestras de esa secreción. A los pocos días se me abrió el punto de nuevo y empezó a salir más secreción y de nuevo para el hospital donde me operaron. De nuevo mi esposo y yo tomamos un avión que dura 2 horas el vuelo y llegamos directo al piso del hospital a hospitalizarme. Ese mismo día me operaron de urgencias. No hubo tiempo ni de llamar a mis papas que estaban en Colombia, ni a mi hermana. Estuvimos solos mi esposo y yo.

Cuando me desperté de esa cirugía tenia muchísimo dolor, tenia 2 tubos (drenes) que me dejaron para regar antibiótico directo al sitio de la cirugía y otro en diferente lugar del cual salía una secreción sanguinolenta. No recuerdo cuanto tiempo estuvimos allí, el diagnostico fue una infección adquirida en el hospital (infección nosocomial) y al mes me citaron a control. Cuando regresé a control, las convulsiones no se controlaban, no podía mover mi parte derecha del cuerpo ni pensar bien,  mucho menos usar la computadora.  Me toco aprender a comer y lavarme los dientes todo con la mano izquierda.

Además no me podía quedar sola, no podía caminar y estuve en silla de ruedas esa navidad, pero mi esposo y familia hicieron todo lo posible para que yo me sintiera bien y no cayera en depresión porque es muy fácil caer en ella pero difícil salir de ahí.
Me fui mejorando muy lentamente, perdí aun mas pelo, empecé fisioterapia, y cambiaron mis medicamentos anticonvulsivos.

Tenía control a los 4 meses, y se me empezaron a salir los tornillos y placas que me pusieron en las cirugías. Regresé a control, y ahí mismo me volvieron a operar, y se dieron cuenta que la infección continuaba, ya se estaba muriendo el hueso de mi cráneo. Me cambiaron el antibiótico y todo empezó a mejorar lentamente pero un poquito cada día más.

Ya van 4 cirugías, y estoy cada día que pasa, un poco mejor. Los cambios físicos, efectos adversos de medicamentos, todo valió la pena porque mientras haya vida hay esperanza y nunca podemos darnos por vencidos ante nuestros sueños. Seguiré luchando cada día, mientras tenga vida, y gracias a Dios y a mi familia que me dieron las fuerzas para seguir adelante.”

Acá está el link de la Fundación de Aleja, por favor no dejen de ver esta asombrosa labor.

Sunday, September 18, 2011

Debatiendo el arquetipo: Medicina y Coaching



Nunca me imaginé que terminaría siendo médico. Durante mi vida escolar, estuve en organizaciones como los Boy Scouts, asistía a Campos de Verano y no les miento, andaba con botiquín de primeros auxilios en la maleta. Así era mi vocación de ayuda al necesitado. Me acuerdo que regalar una simple cura para una ampolla, o saber manejar situaciones de mayor gravedad, me producían un placer enorme. No era la sangre, el morbo del sufrimiento ajeno o el protagonismo que podría generar lo que me cautivaba, era simplemente que me gustaba aliviar o al menos tratar de ayudar a la gente en lo que pudiera. En esos momentos, era ayuda física solamente.

Paso el tiempo y llego el momento de escoger una profesión en mi vida. Siempre quise actuar o estar en teatro pero en esos momentos, no fui capaz de expresar mis deseos y a la vez oculte el deseo de estar en una tarima o en frente de las cámaras. No les miento, hoy en día me encanta pero desde la óptica realista de mi vida actual.

Así que siguiendo el ejemplo de mis hermanos que estudiaron y se graduaron en universidades en Estados Unidos, yo apliqué y fui aceptado a la Universidad de Georgia. Todo iniciaría muy pronto, pero en el sorteo del Ejército de mi país, salí, y ahora lo digo con certeza, favorecido para prestar el servicio militar obligatorio. La experiencia, aunque preocupante en el momento, resulto ser una de las experiencias más gratificantes de mi vida haber podido ser soldado de Colombia en un ambiente internacional como lo es la Península del Sinaí, es motivo de risa y agradables remembranzas hoy en día.  Durante este periodo milico en la Península, aunque existía un puesto dentro del dispensario (o centro de salud) de la base, mi interés aun no era ser parte de él. Yo fui el fotógrafo y fui muy feliz mientras duro mi puesto.

A mi regreso a Colombia, y de nuevo incorporado a la vida civil, la Universidad de Georgia me esperaba para estudiar Bioquímica y Genética. Definitivamente, después de la actuación, la materia que más me gustaba en el colegio era Biología. Así que decidí hacerlo un poco más interesante y me metí a esta profesión la cual cambie muy pronto ya que las plantas y su hábitat francamente no me interesaban. Quería algo más relacionado al ser humano. Entonces ante la negativa de estudiar Nutrición y Dietética, convertí mis materias en las requeridas para hacer pre medico. Después de un tiempo donde me di  cuenta que estudiar medicina en Estados Unidos era demasiado costoso, y “gracias” a las palabras de mi Consejera que me dijo que los extranjeros la teníamos muy difícil, decidí volver a Colombia a estudiar Medicina. Llegue al pre medico de mi Universidad, con un afro tipo Mafalda o Jackson 5 y barba.  Fue cuestión de días para que tuviera dos aretes en mi oreja izquierda. Me vestía de negro y me consideraba un rebelde. Yo era el estudiante de medicina que desafiaba a la sagrada profesión. Gastaba agua en medio del racionamiento mojando a los primíparos y me volaba de clase con mis amigos para tirarme en el pasto a hablar de futbol o de vez en cuando, jugarnos un partidito clandestino.

Poco a poco fue sucediendo que las materias se volvían más difíciles y mi forma rebelde me cobraba cada vez más caro. Creo que fui el primer estudiante que reprobó Conducta Humana y se atraso un semestre a causa de esto. Hoy lo veo como favorable,  pero en el momento fue causal de mucha angustia. Estudie mucho esta materia introductoria a la Psiquiatría (y la escribiré siempre con P a manera de rebeldía lingüística) ya que habilité, reprobé y repetí.

Pasó mi vida como estudiante de  Medicina con muchos cuentos que contar que por obvias razones no caben en estas líneas. Viví mi Internado (el año previo al grado como medico)  de manera espectacular y mi año Rural (año obligatorio como medico ya graduado) fue netamente enriquecedor, aunque desaproveche una oportunidad de hacerlo en San Andrés y Providencia, islas paradisiacas de mi amado país.

A la hora de decidir en que me quería especializar tuve que hacer muchos análisis de que me gustaba. Las dos profesiones finalistas fueron Psiquiatría y Ortopedia. La decisión final fue Ortopedia ya que en ese momento en mi vida, no me sentía capaz de ayudar emocionalmente a los pacientes basado en que yo mismo no estaba bien en ese departamento. Seguro incorporaría toda la patología mental, y eso hubiese sido peor para mí. Hablo en retrospectiva. Así que decidí estudiar Ortopedia en Colombia ya que había intentado hacerlo de nuevo en Estados Unidos y había desistido a mitad de camino.

Hoy en día estoy feliz con mis decisiones y ahora que he incorporado el Coaching dentro de mi vida, y a medida que escribo estas líneas, lo voy incorporando al ámbito de la Salud, veo dentro de mi psiquiatra reprimido, la necesidad de hacerme varias preguntas gracias a los libros que he leído.

La primera es porqué las personas deciden estudiar una profesión que ayuda a otras personas? Qué lleva al psicólogo o psicoterapeuta  a ayudar a otros en una situación de dificultad emocional? Qué conlleva al psiquiatra a ayudar al enfermo mental? Por qué el trabajador social decide ayudar a las personas con dificultad de incorporación social? Qué lleva al cirujano u ortopedista a sacrificar su vida personal en espacio y tiempo, para estar en un servicio de urgencias dispuesto a ayudar a los enfermos que lleguen durante ese turno? Y finalmente, qué hace que personas comunes y corrientes, decidan ayudar a los enfermos, a los que sufren, a los tristes o a los marginados sociales?

Adolf Guggenbühl-Craig fue un analista de la corriente de Carl Gustav Jung. Ambos en el área del entendimiento de la psiquis humana y ambos Suizos. Tanto Jung como Guggenbühl creían que vivimos en medio de polaridades. Que siempre estamos entre dos polos. Vivimos la vida en la mitad de dos opuestos. 

“Existe amor y odio en cada relación, un deseo de ayudar al otro pero a su vez, el mismo deseo de destruirlo” es una frase en el libro de Guggenbühl : El Poder en las Profesiones que Ayudan (1971).

Solo con el titulo nos damos cuenta de la polaridad en que el arquetipo (y ya trataré de explicar este término) Médico-Paciente se encuentra. Vive la polaridad entre ayudar y tener el poder. Bueno, creo yo que la mayoría de personas, ya sea de manera consciente o inconsciente, buscan de una forma o de otra, en cualquier círculo de sus vidas, estar en una posición de poder. Pero lo que choca, es que un médico, quien ha jurado hipocráticamente, haya sido visto en el transcurso de las épocas no como el que ayuda sino como el que tiene el poder. El sí y solo si.

Todos nos impresionamos cuando un político despliega su poder ante las masas, cuando un líder sindicalista paraliza la industria con unas pocas palabras, cuando un ingeniero cambia la vida de miles con algún artefacto, cuando un científico logra obtener resultados que cambian el curso de la humanidad, cuando un militar toma las decisiones estratégicas para salvar a miles poniendo en riesgo la vida de sus soldados.  Pero un medico que abusa de su situación de PODER, es visto como un pequeño y ridículo tirano, de pecho inflado y con la moral en estado deplorable. Con este poder hace que sus pacientes esperen horas mientras el habla poéticamente con las enfermeras, no informa a sus pacientes todo lo que se deberían saber, no mira a los ojos cuando habla de sus decisiones y ejerce su sombra de charlatán y falso profeta cuando se le cuestionan sus acciones.

Mi teoría es que el médico ha perdido ese poder que se le imponía automáticamente con su bata blanca, y por eso ahora la medicina, y el arte de ser médico, ha caído a un formalismo. Esta ambigüedad entre tener el poder insulso y vivir con la constante amenaza de perderlo, es lo que conlleva a la acción médica a bajar en categoría y en calidad. (La motivación monetaria es otro tema de largo debate)

Un arquetipo, como lo mencione anteriormente, se podría definir como un potencial innato del comportamiento. Los seres humanos reaccionamos arquetípicamente hacia algo o alguien cuando nos enfrentamos con una situación típica, constante y recurrente.  Una madre reacciona arquetípicamente con su hijo o hija, un hombre hacia una mujer etc.  Ciertos arquetipos cuentan con una polaridad. Y el arquetipo médico-paciente no es la excepción. Ningún médico puede solo contra la enfermedad. Necesita del paciente. Y viceversa, el paciente necesita del médico. Un doctor puede suturar (o coger puntos en una herida)  adecuadamente a un paciente, pero existe un metabolismo en el cuerpo del paciente, tanto mental como físico, que se incorpora dentro del proceso curativo. El médico se convierte entonces en un “sanador herido” en el sentido que ya sea consciente o inconscientemente, el médico se afecta con la patología del paciente. La gran mayoría de nosotros somos capaces de reprimir el sufrimiento ajeno siendo médicos y por eso podemos vivir nuestra vida agradablemente, en un sentido de manera “normal”. Esto me lleva a sustentar mis frases al principio de esta entrada sobre el porqué no estudie psiquiatría. El sufrimiento emocional superficializado dentro de la patología afectiva y mental del paciente, era demasiado fuerte para poder reprimirlo. O tal vez, yo era el débil.

En Babilonia, había una Diosa canina con dos nombres: como Gula era la muerte, y como Labartu era sanación. En India, Kali es la Diosa de la viruela y a su vez la sanadora. La imagen mitológica del sanador herido es enorme, y esto psicológicamente quiere decir que no solo el paciente tiene algo de sanador en él, sino que el médico tiene por dentro también mucho de paciente. Y siempre lo digo, el trato de un médico hacia sus pacientes cambia radicalmente o llega a un punto de inflexión, cuando él mismo ha sido paciente por alguna patología. De nuevo, otra polaridad, el médico que se encuentra enfermo. Otra realidad que desbarata el “poder” ya mencionado y humaniza al medio Dios (M.D.) en que se ha convertido una gran parte del gremio médico.

Pero no se puede cambiar si no se quiere hacerlo. No es fácil entregar toda una vida de lucha para llegar a una posición en que se ejerce el poder. Yo creo que los estudiantes de medicina hoy en día, al ver que el médico del que aprenden, hace las cosas diferentes a como se hacían antes, pueden llegar a incorporar mas raíces y crecer de una manera más acorde a la dirección que debe tomar nuestra profesión. El Coaching en salud puede hacer esto.

Nadie nos obligó a ser médicos, y ya no somos vistos como los magos o los hechiceros que hablábamos con los Dioses. Somos mortales y también vivimos dentro de nuestros propios arquetipos, y a su vez, entre los polos de ayuda y poder. Unos polos que no se deben reprimir, sino que a su vez se deben hacer aun más conscientes y en simultánea. Esto debería llevar a nuestra profesión a un cambio positivo que cambiará la percepción del médico como médico y nos hará aun más poderosos dentro de nuestro propio modus operandi. El poder de la satisfacción interna de saber que hacemos las cosas bien, y que estamos en constante mejora por nuestra satisfacción y el bienestar del paciente.

No escogemos ser médicos por el prestigio social (bueno, no puedo generalizar) y tampoco lo hacemos por el altruismo de pastor zarrapastroso que va de pueblo en pueblo curando al enfermo con raíces y hierbas.

Cada uno se podrá preguntar porque escogió una profesión en que cree ayudar cuando en el fondo, lo que verdaderamente quiere, es una posición poderosa.

De nuevo, no puedo generalizar.