Wednesday, October 27, 2010

Personas que marcaron mi vida...y seguro desde ahora, la tuya también


El coaching tiene muchos significados. Después les contaré el mío. Hoy no quiero escribir mucho ya que lo que les escribo hoy, es para sentarse unos 5 minutos y leerlo con calma.

Existe gente que te cambia la vida. Personas que te inspiran, personas que llevarás siempre adentro de tu corazón. En mi vida como médico he vivido y he visto cosas que jamás podrán ponerse en palabras.

Siendo residente de segundo año en el área de ortopedia y traumatología, en uno de mis turnos, llegó un trauma. Para mí, como cualquier otro. Qué iba a saber que este trauma me cambiaría la vida. Y si, fue el trauma de esta persona que me cambió la forma de pensar, pero más aún, fué la PERSONA quien sufrió el trauma que me enseñó lo importante que es no rendirse.

En la ambulancia llegó una mujer joven, desfigurada de pies a cabeza, una fractura de pelvis inestable (de lo más mortal que existe en el mundo del trauma), múltiples contusiones y traumas en todos los sistemas, trauma craneoencefálico etc etc etc. Para nosotros, otro trauma más.

Me detengo a pedirles el favor que no se imagínen una escena de alguna de esas series que pasan por televisión. Esto es verdad, ésta es mi profesión.

La paciente entró por las puertas de urgencias y era necesario llevarla de inmediato a cirugía por la complejidad del trauma. Todos los que estábamos de turno, médicos, traumatólogos, enfermeras, camilleros, anestesiólogos, cirujanos y demás, fueron dirigidos a este caso. La paciente estaba en estado crítico. La paciente alcanzo a frenar su corazón hasta cero, entro en paro cardiorespiratorio, y gracias al anestesiólogo en salas de cirugía, nuestra querida paciente, volvió a nacer.

Desde ese día, la vida de ella cambio y la mía también. Hoy por facebook la veo reírse y con una cara de orgullo que siempre me devolverá a esa cara que vi cuando entró por las puertas de urgencias peleando contra la muerte y luchando por vivir. Cambió el tubo orotraqueal por una sonrisa permanente.

El coaching utiliza como herramienta principal, lo que se denomina la pregunta poderosa. Después de muchos años, se me ocurrió hacerle a nuestra protagonista la siguiente pregunta:

QUE SIGNIFICA PARA TI ESTAR VIVA HOY?

Y esta fue la respuesta:

"Cuando tu vida se detiene, cuando los afanes por las actividades diarias ya no tienen sentido, cuando lo que tenias planeado se desmorona, cuando tu vida da un vuelco de la noche a la mañana y de pronto te encuentras luchando por sobrevivir, inevitablemente el significado de lo que es “vivir” cambia.

Así me paso a mí.

Una noche me despierto abruptamente, como quien desea respirar precipitadamente luego de permanecer mucho tiempo bajo el agua, y me encuentro en un lugar totalmente desconocido para mí, sin fuerzas y con dificultad para pensar. Eran momentos muy confusos, no estaba segura si estaba como entre un sueño en el que eres consciente, o si realmente estaba allí, en una habitación oscura con puerta trasparente, acostada en una cama sin poder moverme, con un tubo en la garganta que me oprimía y no me permitía respirar bien. Por momentos me quedaba dormida y volvía a despertar, a sentir esa angustia, ¿qué hacía yo aquí? ¿Esto es real? ¿Dónde estoy?. No recordaba nada y suplicaba por volver a dormir, ya que la angustia de no saber qué pasaba era demasiada para mí. Me encontraba, sin saberlo en una habitación de cuidados intensivos de un hospital.

El día llego y con él la claridad, sin saber cómo, comencé a entender. Algo ha cambiado, algo cambió, y fue mi vida para siempre. Creo no haberle preguntado a nadie, porque esa mañana ya sabía lo que tanto quería recordar la noche anterior, “Un bus nos atropello”. No sé cómo y porque lo sabía; esa mañana en aquella habitación tan iluminada no lo recordaba, y hoy 5 años después, sigo sin recordar nada de ese trágico accidente.

En ese momento un sentimiento nefasto se apoderó de mí, de pronto empecé a creer que debía prepararme para escuchar de los médicos la noticia que no iba a volver a caminar, pues no sentía mis piernas. Yo quería pensar que quizás seguía en un sueño y que pronto iba a despertar, pero no era así y yo lo sabía, solo me lo quería negar, no quería esa realidad para mí.

Pero poco a poco en el momento de mi mayor desesperación mental, empecé a sentir la paz necesaria para tomar la determinación de que no importara lo dolorosas y terribles que fueran las noticias por parte de los médicos, yo iba a estar bien. A algo tenía que aferrarme, en esa soledad.

Pronto llegaron enfermeras, me quitaron el tubo de la garganta y dos de ellas me dijeron que me iban a bañar, tengo que confesarlo, ingenuamente pensaba que me llevarían a una ducha o una tina y yo me bañaría, aún no me había percatado de la gravedad de mis lesiones. Además de no sentir mis piernas, tenía un “tutor” incrustado en mi pelvis, algo parecido a un triangulo, unos tubos metálicos unidos por tornillos que salían de mi cuerpo, nunca había visto nada igual. El baño consistió en pasar una esponja húmeda por mi piel, y realmente yo no podía evitar el sentirme incomoda con aquellas enfermeras, pues era una situación tan inesperada que no sabía cómo más sentirme. Pronto llegaron doctores, no recuerdo claramente muchas cosas que pasaron ese día, a veces eran momentos muy confusos, creo que me quedaba dormida debido a los calmantes para el dolor, pero recuerdo que a uno de ellos le dije que no sentía mis piernas. Él me dijo que todo estaba bien, que me había fracturado no se qué, que se me había explotado no se qué, que me habían hecho no se qué. De modo que no sabía si estar preocupada o más tranquila con aquella información.

Por fortuna, vinieron a visitarme otro grupo de médicos a los que les exprese mi angustia. Quería saber ya, si podría caminar o no. Uno de ellos me hizo un examen, me rozaba la planta de los pies con un objeto, para mi alivio sentí cuando lo hizo en el pie izquierdo, luego el doctor hizo lo mismo en el pie derecho, en el cual no sentía nada, yo creía que él quizás no estaba empleando el mismo método que había empleado con el otro pie, y me empecé a angustiar, el doctor rozaba mi pie cada vez con más fuerza, hasta que lo pude sentir, y también pude sentir dentro de lo posible un gran alivio, “podría caminar”. Desde ese momento, mi percepción de la vida empezó a cambiar.

La noche del accidente, caminaba felizmente por la calle con el ser más maravilloso que he conocido en mi vida, Mi Dieguito. Lo tenía todo. Tenía a mis padres, a mis hermanos, tenía trabajo con el que me pagaba mi estudio, tenía muchos amigos, era independiente, en fin, estaba viviendo lo que había planeado para mí, y aparte de todo estaba comenzando mi primera relación de noviazgo.

Nunca ni en mil años me hubiera imaginado que al intentar cruzar una calle mi vida tal como la conocía podría cambiar. Pero sucedió. Nos sucedió a nosotros esa noche de diciembre en un evento desafortunado. Lo que recuerdo de esa noche es que estaba feliz, me había ido bien en la universidad, estaba muy contenta en mi trabajo, todos en mi familia estaban bien y yo estaba con Dieguito. Lo siguiente que recuerdo fue la noche que desperté en la habitación del hospital. Ocho días después del accidente.

En el accidente, afortunadamente yo lleve la peor parte. Esa noche Diosito quiso que ambos, tanto Mi Diego como yo permaneciéramos con vida. Pero mis lesiones fueron mucho más graves que las de él, y eso aunque suene extraño, fue bueno que haya sido así. Sé que para mi Sol (como le digo a mi Diego) esta experiencia ha sido muy, muy dura, pero creo, (quizás pensando de manera egoísta) que si las cosas hubieran sido de otra manera, para mí hubiese sido aun más duro tener que ver por lo que él hubiera tenido que pasar si fuese él quien estuviese en mi lugar. En este sentido creo que Diego llevo la peor parte. Este tipo de sentimientos y pensamientos son algo confusos, difíciles de explicar y de comprender. Evito pensar en ellos, no me quiero enredar en el pasado, pensando que hubiera sucedido esa noche si yo hubiera hecho esto o lo otro. Ya tengo claro que lo que pasó, pasó por alguna razón. Solo estoy segura que es un milagro que hoy yo esté viva, que cuando nadie creía que iba sobrevivir eso sucedió, que me rescataron de las garras de la muerte, que literalmente me revivieron para volver a nacer y que como me dijo uno de mis doctores me reconstruyeron como se reconstruye a una porcelana se ha roto, no todos corren con esta suerte. Definitivamente la vida es un suspiro es un solo aliento, soy un milagro, un milagro de vida y creo que todos lo somos, solo que en mi ese milagro ha sucedido tres veces.

Recuerdo que estando en el hospital luego de salir de la sala de cuidados intensivos, le dije a Diego, que dejáramos nuestra relación hasta ese momento. Yo no quería que él tuviera que pasar por todo aquello que me esperaba, yo pensaba que al fin y al cabo apenas habíamos comenzado nuestra relación y los sentimientos del uno hacia el otro no se habían afianzado aún, no quería que él se sintiese comprometido conmigo, no de esa manera. Pero él con mucho amor me dijo que siempre estaría conmigo y que pronto saldríamos de esta prueba, porque eso es, una prueba.

A partir de ahí, En los siguientes 4 ó 5 meses después del accidente, yo no me podía mover ni hacer nada por mi cuenta, diferente a estar postrada en una cama. Tareas tan simples y que solo unos cuantos días antes podía hacer sin problemas, como cepillarme los dientes, bañarme, sentarme a la mesa, eran muy difíciles para mí. Permanecer acostada en una cama, mirando al techo todo el día, toda la noche, aguantando dolores es algo muy difícil de asimilar. El tiempo que estuve en el hospital aunque fue muy traumático ya que, pasar un 24 de diciembre o un 31 sola y despierta escuchando la fiesta fuera en las calles, soportar los dolores de las curaciones, de las cirugías, de las terapias físicas que siempre fueron mi mayor dolor de cabeza, yo fui feliz. Recuerdo mucho las rondas que hacían los médicos de las diferentes especialidades y que me iban a visitar, las risas y las bromas con muchos de ellos, conocí personas muy bonitas y me sentía realmente como una consentida, la mayor parte del tiempo reía y eso me permitía no perder tiempo pensando en lo que me había pasado, no tenía tiempo para afligirme, tuve muchas visitas de amigos y de familiares así que me mantuve muy ocupada en mi permanencia en el hospital, me preocupaba más bien por estar dentro de lo posible presentable para cuando viniera mi Dieguito a visitarme y no dejaba de sentir mariposas en el estomago, todas estas vivencias y todo ese ambiente tan bonito en el que me sentía muy querida y cuidada por todos, creo que fue fundamental en mi recuperación, estaba tan feliz al punto que cuando me dieron de alta para irme a hospitalización domiciliaria, 45 días después del accidente, yo no me quería ir.

No puedo describir la felicidad tan grande que sentía cuando podía superar pequeños retos cada día. Los primeros pasos que di luego de que me retiraran el tutor creo yo que fue uno de los días más felices de mi vida, el día en que me pude sentar en una silla de ruedas para salir a dar una vuelta y recibir el sol, la primera vez que me cepille los dientes frente a un espejo en el baño, la primera vez que me bañe, la primera vez que use las muletas. Después del accidente nuevamente tuve muchas primeras veces de muchas cosas, es como si hubiera vuelto a nacer. Y obviamente, de alguna manera es así, mi estado fue evolucionando como con un bebé.

Sin duda esta experiencia aparte de dura e inesperada, ha sido completamente enriquecedora.

Conocí a mucha gente valiosa y hermosa de la cual me siento orgullosa y feliz de conocer, afiancé lazos de amistad y conocí más sobre mí.

Vivo muy agradecida con Dios por darme una tercera oportunidad de vivir y agradecida con la vida, que es maravillosa única e irrepetible sin importar lo que suceda. Cada vez que paso por el frente del hospital lo miro con tanto amor, es el lugar donde prácticamente volví a vivir. Y estoy agradecida con mis médicos, porque sin duda son los mejores, y me siento orgullosa de ellos.

Afortunadamente, si hoy alguien me ve en la calle verá a una chica común y corriente, alguien normal, pues camino normal y me veo normal. Pero tengo una historia, una historia muy difícil de contar y a veces de creer. Y me siento orgullosa, muy orgullosa, porque aunque en la vida me han pasado cosas difíciles y duras de aceptar, asimilar y afrontar, soy una persona sumamente afortunada de poder superarlas. Y por eso no me siento una persona normal sino una muy especial a la que Dios ama mucho. Aún hoy 5 años después, tengo secuelas del accidente, tanto físicas como sicológicas, tengo muchos miedos y temores. Muchas de estas secuelas las superaré, otras en cambio quedarán para siempre como marcas indelebles. Superar los miedos y temores es la parte más difícil dentro de este proceso de recuperación, pues debo enfrentarme al más poderoso contrincante que he podido conocer, “Yo”. Sé que debo hacerlo y que debo lograrlo y el día en me supere será un día grandioso, un día victorioso. Y trabajo en ello, porque deseo tanto volver a salir a la calle y no sentir ningún temor, deseo tanto volver a ser una persona tan independiente como era, eso es libertad.

Mi vida cambio para siempre, no soy igual, no me siento igual. Antes del accidente quizás era muy inconsciente, nunca estuve enferma, nunca estuve hospitalizada, casi nunca me dolió una muela, nunca me detuve a pensar lo que implicaba vivir y lo que esto significaba. No es que fuera alguien a la que no le importará, solo tenía cosas más importantes en la cuales pensar, que agradecer por caminar, hablar, ver, oír, respirar. Esas cosas normales que la gente normal hace casi sin darse cuenta. Y luego de un momento a otro, en un abrir y cerrar de ojos, aquellas cosas que hacia como alguien normal, yo no las podía hacer, en un momento no podía respirar, no podía caminar, no podía si quiera cuidar de mi misma mucho menos trabajar y continuar con mis estudios, y es en esos momentos en que te das cuenta que vivir no es una casualidad sino un privilegio, es cuando dejas de ser una persona normal para convertirte en alguien especial y agradecido. Cada día, vivir, caminar y sentir el viento en el rostro es un regalo, el mejor de los regalos. Así que aprendí a valorar más que nunca que puedo ver, oír, reír, llorar, sentir, amar, caminar y que estoy viva, viva. Que no me perdí de esto tan maravilloso que es vivir, que no me perdí de mi gran amor, de mi primer beso, de mi grado, de ver paisajes hermosos, de conocer el mar, de viajar en avión, de conocer gente linda, en fin de tantas cosas de las que hoy estoy disfrutando y agradeciendo.

Pasaron momentos difíciles y dolorosos pero valió la pena superarlos. Debo confesar que a veces cuando me veo en el espejo y observo que mi cuerpo ya nunca será como antes, pues con aquellas cicatrices, no puedo evitar evocar tristes recuerdos, de aquel tiempo en que me preguntaba ¿porque a mí me pasó esto? Si yo nunca le he hecho daño a nadie, y al contrario siempre había procurado ser una buena persona lo mejor posible, pero al momento reaccionó y me recuerdo que eso ya no importa, la belleza es vana y efímera e importa más la belleza interior y luego recuerdo lo que Diego algún día me dijo, “Gracias a ellas, gracias a que las tienes es por lo que estas viva”. Son cicatrices de vida.

Sin duda, luego de este accidente, he recibido muchos regalos, aparte de seguir con vida, gané varias becas en la Universidad, me gradúe, sigo con el amor de mi vida igual de enamorados a un primer día de novios que el accidente nos arrebató, con nuevos amigos, con grandes proyectos y convencida de un futuro prometedor. Realmente he recibido muchos y entre los mejores regalos es que me siento bendecida privilegiada y amada, en otras palabras especial.

La percepción de la vida cambia, como dije al inicio, es inevitable. Mi percepción cambio a raíz de este accidente, de esta gran prueba que aún hoy no terminamos de superar, pero cada vez vemos más cerca ese día en el cual coloquemos el candadito como dice mi Dieguito a este episodio de nuestras vidas. No sé si algún día pueda olvidar esta experiencia y el dolor de tantas cosas a raíz de este accidente, porque siento cada vez que esto hace parte de mí como mis genes. Pero sí espero poner el candadito que cerrará este capítulo tan dramático y a la vez tan indescriptible en nuestras vidas y espero que sea pronto. Ojalá muchos aprendieran a valorar las cosas, cada día es una oportunidad para darnos cuenta que estamos con vida y que es un regalo, un privilegio, que muchos ya no tienen, que podemos caminar y que muchos desafortunadamente ya no pueden, no hay que esperar a que algo suceda para abrir los ojos, indudablemente la vida es un suspiro y puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos para siempre.

Ahora solo quiero vivir, vivir, y vivir. Disfrutar de la vida y permitir que la vida me sorprenda como lo ha hecho hasta ahora. Ahora solo pienso en hacer las cosas siempre bien, mejor que antes. Superar mis miedos y seguir descubriendo el mundo de cosas que me quedan aún por vivir y por descubrir al lado de mí amado Dieguito y de las que personas que siempre me apoyaron y estuvieron ahí en los momentos más difíciles y cuando más lo necesitaba."


3 comments:

  1. llore al leero, sin palabras, sinceramente hay es cuando uno ve la presencia de Dios y lo fuerte que puede ser el ser humano, Virginia eres vida ........

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  2. Definitivamente Dios puso al hombre en la tierra y le permitió desarrollar la ciencia, para que ersta, sumada al deseo de vida del paciente y al respeto de los galenos por el ser humano que lucha por recuperarse, lograran lo que alcanzaron.
    Si creer es la base del exito, la convicción de cada uno de los actores en este episodio, hiciero realidad una frase que me acompaña siempre: "....un hombre convencido, solo, hace mayoría."

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