Sunday, July 4, 2010

Se debe decir pero se debe saber como decirlo.


Todo lo que leo y todo lo que aprendo está enfocado a enseñarme que uno primero debe SER para poder HACER. Pero nadie me dijo lo difícil que iba a ser. Hoy me han dado una dosis de mi propia medicina. Siempre he creído que la verdad se debe decir como venga. De manera directa, sin darle vueltas. Como una flecha. Pero hoy caí en cuenta que no es tanto la verdad la que duele sino la forma como te la hacen llegar.

La verdad se debe decir y en eso creo que estamos de acuerdo, pero es la vía, la forma en que se dice la verdad la que puede hacer la diferencia entre un bombillo de alerta tenue a uno rojo intenso con alarma cansona sonando sin descanso.

Escribo esta metáfora porque uno puede quedarse con una luz tenue sin problema a diferencia de un bombillo rojo intenso que a duras penas puede uno aguantar por 1 minuto máximo sin desesperarse.

Hoy aprendí que la verdad se debe comunicar de una manera adecuada. No debe ser impulsiva y tampoco debe ser tenue o pasiva. Debe ser asertiva.

Siempre he dicho que la asertividad se define como la capacidad de poder transmitir la peor de las noticias de la manera más políticamente correcta. Hoy aprendí que me falta lograr ser más asertivo para decir la verdad. Si uno sabe algo verídico, creo que debe uno guardarlo un tiempo prudente, y decirlo en el mejor momento y de la mejor manera. Cuánto es un tiempo prudente? Eso se los dejo a ustedes.

Mucha gente le fascina ser confrontados con la verdad de cualquier manera y eso será problema de ellos. Yo espero que nunca me escondan la verdad pero si estoy vulnerable, espero que sean asertivos cuando me la digan. La verdad “verdaderamente” es como una flecha y puede llegar donde duele y donde mata. Puede matar tu impulso, puede matar tu ánimo y puede matar tu autoestima. Pero la verdad es la verdad, y no se puede hacer nada con ella sino aceptarla. Insisto que es mejor saberla en un ambiente más adecuado y con unas palabras más agradables que de un pepazo directo al centro de la energía.

El Profeta Khalil Jibrán lo dijo muy claramente:

“La verdad es como las estrellas: solo aparece detrás de la oscuridad de la noche. La verdad es como todas las cosas hermosas del mundo, solo revela que es deseable a aquellos que han sentido el efecto de la falsedad. La verdad es una profunda bondad que nos enseña a ser felices con nuestra vida cotidiana y a compartir con los demás esta misma felicidad.”

Tratemos de decir la verdad siempre, y cuando lo hagamos, que sea de la mejor forma para el que la va a oír. No seamos egoístas y pensemos que decir la verdad es liberarse y sentirnos así más libres. Pensemos que el receptor de la verdad también merece un momento adecuado para oírla.

Y cuando sea el momento, da tu mejor discurso y vuélvete asertivo. Vale la pena. Se sentirán mejor ambos.

Y no estoy bravo, estoy agradecido. Otro insight para el libro de las memorias.

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